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viernes, 19 de julio de 2019

Notas sobre el idealismo alemán y Marx


I. 
Marx tiene una idea muy alemana de lo que es la “crítica”. Es una clara herencia kantiana, que se vino a desarrollar durante el idealismo alemán post-kantiano (Fichte, Schelling y Hegel) y que pone en el centro la noción de razón. Aquellos filósofos se preguntaban qué se puede hacer con la razón, hasta donde llega el pensamiento, qué se puede pensar, qué está más allá de la razón, cuales son los límites del pensamiento, y cómo la razón puede modificar la realidad. La razón, desde Kant, se critica, pero en el sentido de ponerse en su justa dimensión. Todo se somete a la crítica de la razón, incluída la razón misma. Así que aquí, la “revolución copernicana” iniciada por Kant que es centrarse en el sujeto epistemológico, se va radicalizando cada vez más hacia la caracterización del sujeto mismo.

Kant habló en la Crítica de la razón pura de una “razón trascendente” donde las “categorías puras del entendimiento” hacen posible nuestras “experiencias sensibles”. En la "estética trascendental" Kant habló de las intuiciones puras que tenemos a priori (independientes de la experiencia), como es el caso del tiempo y el espacio, que nos permiten percibir los objetos "del mundo externo". No es que tiempo y espacio existan per se en el mundo, sino que más bien las ideas de tiempo y espacio son intuiciones puras que están en el sujeto. Así aparecen en nuestra consciencia los objetos como "fenómenos" que percibimos de manera empírica. Pero nunca percibimos "la cosa en sí", el "noumeno". Este tipo de dicotomias dualistas (fenómeno-noumeno, esencia-apariencia) son cuestionadas por la dialéctica hegeliana, que las ve como una unidad, no como dos cosas totalmente distintas como luego veremos.

Kant pensaba que la razón de los seres humanos los lleva a elaborar juicios sobre los objetos que percibimos que son de dos tipos: juicios analíticos y juicios sintéticos. Los juicios analíticos son aquellos que tienen "la verdad" del predicado contenido dentro del sujeto de la oración. Son verdades en sí mismas, autoevidentes, tautológicas. Un ejemplo sería decir que el triángulo tiene tres lados. Por definición no puede haber triángulos que tengan más o menos de tres lados. La verdad aquí es un tema necesario. Kant decía que los juicios analíticos son a priori, su verdad o falsedad es independiente de la experiencia. Los axiomas de la geometría, de acuerdo con Kant, serían ejemplos de juicios analíticos.

Los juicios sintéticos son juicios (o proposiciones con valor de verdad) que se hacen sobre el mundo que percibimos. La verdad o falsedad del predicado depende de si, en efecto, lo que se predica es o no el caso. Son juicios empíricos que si bien suelen ser "a posteriori" (formados mediante la experiencia), también pueden volverse "a priori", volverse independientes de la experiencia. Un ejemplo serían los juicios que se hacen en física clásica, donde si bien se formulan hipótesis que luego se someten a prueba empírica se constituyen luego en leyes científicas. Estas leyes científicas nos permiten saber a priori que pasaría si ocurriera algo. Por ejemplo, si suelto una bola de hierro de X tamaño a determinada altura alcanzaría cierta velocidad y aceleración asumiendo las leyes de la gravedad de Newton. O el ejemplo que Kant mismo da sobre una casa: si una casa tiene ciertos pilares que la sostienen, y luego se quitan esos pilares, sabemos que se va a caer. No es necesario hacer la prueba empírica. Se trata de una verdad a priori. Este tipo de juicio "sintético apriori" son los que más interesan a Kant, pues él cree que son los que están produciendose en la ciencia.

Además de la estética trascendental y la caracterización de los diferentes tipos de juicio que constituyen la "razón teórica" (que Kant trata de manera separada a "la razón práctica") está la lógica trascendental que incluye una dialéctica trascendental. Ahí Kant habla de antinomias, tensiones que hay en el pensamiento que luego buscar resolver por medio de otras categorías que buscan superar esas antinomias. Se trata de un antecedente importante de la lógica dialéctica de Hegel, donde las "contradicciones" se buscan superar (afirmación, negación, afirmación de la negación).

Si bien Kant se interesó por hablar sobre el entendimiento, en su obra no abordó la constitución misma de las categorías del entendimiento. Parece simplemente postular las distinciones entre juicios analíticos y sintéticos, las diferencias entre lo a priori y posteriori, o la diferencia entre fenómeno y noumeno. Kant abordó básicamente la pregunta sobre cómo podemos entender los objetos que hay en el mundo (la respuesta es por medio de las categorías que le dan forma intelegible a nuestras intuiciones), pero no respondió, según Schopenhauer, lo que es el entendimiento en sí mismo.

Kant consideró que había preguntas que estaban más allá de la razón como las siguientes: la libertad, la inmortalidad del alma y dios. Estos tres temas han ocupado a los filósofos desde la antiguedad, y claramente decir eso, sobre todo para el caso de la libertad, resulta algo muy polémico.

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El problema del sujeto y la libertad, durante y después de la revolución francesa, va a ser un tema crucial que va a ocupar a los filósofos de manera muy fuerte. Ante eso, Fichte intentó abrir el paso hacia una epistemología centrada en el sujeto donde abordó la siguiente pregunta: ¿Cómo se constituye el sujeto epistemológico? Fichte desarrolló, hasta donde pudo, la idea de una “filosofía del yo”. ¿Cómo se forma el yo pensante? Kant, al final, sigue pensando en categorías “trascendentales” (independientes de la experiencia, que según él todos tenemos) que hablan de la constitución de la realidad en tanto experiencia, pero que deja fuera la constitución misma del sujeto epistemológico. Y Fichte trató de avanzar en la dirección de hablar de una razón que se piensa a sí misma de manera racional. Esto se convierte en la base de una epistemología centrada en el sujeto a la cual Kant apenas se adentró. Kant mostró como la razón es constitutiva de la realidad (por eso es idealista), pero no mostró cómo la razón se constituye.

Luego Schelling y Hegel, a diferencia del “idealismo subjetivista” de Fichte, hablaron de un idealismo objetivado por la historia, por un complejo proceso histórico donde la historia construida por los sujetos va a ir generando una razón que se objetiviza graduamente en la realidad, y que luego, esa razón objetivada va a ir generando una consciencia gradual de un ser que se piensa a si mismo de manera racional. Aunque Schelling y Hegel difieren en temas cruciales, particularmente en la noción de totalidad y el papel de la exterioridad, ambos van a hablar de un ser autoconsciente que se piensa a sí mismo en relación con los demás. Para ambos, la realidad no se constituye sólo por pensamiento, sino por medio de la acción política, la historia social, el conflicto, donde la razón se enfrenta a otras razones en un choque violento. Por eso, para Hegel, la dialéctica es una razón revolucionaria. El conflicto entre diferentes razones y su posterior resolución da pie a la formación de instituciones que corporalizan cierta racionalidad (hoy hablaríamos de un diseño institucional con intencionalidad normado por una axiología).

Hegel presenta una filosofía especulativa sumamente llamativa sobre todo por su intento de querer abarcarlo todo (ver su enciclopedia), donde la dialéctica es el factor común, es una continuidad, entre la filosofía natural (desde la química, física y biología), la filosofía moral (o “ciencias del espíritu”), y el pensamiento (la lógica). En Hegel todo está en tensión, en antagonismo, en contradicción, desde la naturaleza misma hasta la sociedad y el pensamiento. Para Hegel la dialéctica es una lógica tanto objetiva como subjetiva. La razón se afirma y refuta constantemente tanto a nivel teórico como a nivel práctico. Pero esto es así porque Hegel, al final, está interesado en entender “la totalidad” como algo estructurado racionalmente, un “absoluto”, un “infinito” que es Dios (en esto sigue la tradición de los filósofos escolásticos muy influídos por Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y San Agustín).

Así pues, el mundo en su conjunto debería ser algo racional, y por racional Hegel entiende lógica-dialéctica, en el sentido de que en el mundo hay razones que luchan entre sí, se niegan mutuamente (se “refutan”, se sintetizan, se ponen a prueba, se critican, etc.), pero todo va, mediante un complejo y dramático proceso histórico, hacia el desenvolvimiento gradual del espíritu absoluto. Se trata de una razón que, poco a poco, va logrando un fin. Y en ese proceso luchan, siempre luchan, tanto elementos naturales como sociales entre si. Los seres humanos autoconscientes luchan entre si por el reconocimiento, hasta llegar a la culminación de una situación histórico-social donde “todo lo que es real es racional, y todo lo que es racional es real”. Todo lo que vemos, absolutamente todo, en Hegel, tiene una explicación, tiene una razón de ser, una determinación que se puede entender por medio de la razón dialéctica. El punto en Hegel es que el concepto (una combinación de categorías) se vaya acercando de manera paulatina a los hechos en un proceso de aproximación asíntota, lo cual es en sí mismo una contradicción: el concepto se acerca a los hechos, pero nunca llegará a ser una identidad con ellos.

Así para Hegel, desde lo “natural” (la física, lo biológico, la química), lo “social” (básicamente la historia humana que luego se van a llamar “ciencias del espíritu” por la herencia hegeliana), hasta lo meramente conceptual (las matemáticas, la lógica, la filosofía), todo es racional porque sigue una lógica inherente que está en el mundo y que los filósofos tratan de entender mediante el pensamiento. Así para Hegel el pensamiento es esencialmente dialéctico. Esta idea está expuesta de manera más detallada en La ciencia de la lógica, donde la dialéctica se caracteriza como una lógica objetiva y subjetiva, que tiene una serie de secuencias necesarias, categorías en movimiento que forman parte de un sistema circular. Así pues, la “verdad” es lo absoluto, lo cual es “la totalidad”, y la “esencia y apariencia” (una reformulación griega del fenómeno-noúmeno de Kant) son una unidad que se pueden comprender y, sobre todo, transformar.

Lo cuantitativo y lo cualitativo en Hegel no están separados (la acumulación de cambios cuantitativos luego devienen en cambios cualitativos), la afirmación y la negación son parte de una continudad lógica, de un proceso racional, de constante movimiento y transformación.

Hegel se interesa por desarrollar mediaciones para mostrar la continuidad de diferentes partes de componen un sistema en movimiento. Al igual que Aristóteles, Hegel teoriza las relaciones de manera muy cuidadosa. Mantiene una ontología sobre la potencia y el acto, donde el acto es producto de contextos que posibilitan el desarrollo, la realización, de ciertas de potencias (donde el ser en potencia es también lo que no es, lo otro está contenido en el uno). 

La religión, en Hegel, es ese intento de comunidad entre lo “finito” y lo “infinito”, donde los seres humanos buscan ser uno con lo absoluto (esto es “la comunión”). Los fieles experimentan esa sensación de ser uno con “lo absoluto” mediante el amor de Jesucristo. Y el estado, las leyes, en tanto culminación de un accidentado proceso revolucionario, dialéctico de afirmación y de negación de lo existente, logra al final, traducir la razón humana, en leyes que regulan a la sociedad civil en su conjunto... de pronto, ya en este momento de “culminación” de la razón humana, que para Hegel es la sociedad burguesa, la dialéctica se detiene...

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II.
En Hegel parece que ya no hay algo racional que esté más allá de la sociedad burguesa. ¿Es el capitalismo la culminación de la razón humana?

Aquí, justo en este punto, es donde inicia la crítica de Marx. Justo en este punto de la cúspide del sistema hegeliano (y del idealismo alemán), Marx inicia su crítica de la filosofía del derecho. En la filosofía del derecho Hegel habla sobre cómo la “vida ética” de la sociedad se estructura apartir de tres conceptos: la familia, la sociedad civil (o sociedad burguesa que para Hegel es lo mismo) y el estado. La crítica de esos tres puntos fueron llevando a Marx y a Engels a desarrollar otras concepciones que los fueron llevando al materialismo histórico. La crítica a la noción de familia burguesa la inician Marx y Engels en la sagrada familia y luego Engels la continua en El orígen de la familia, la propiedad privada y el Estado. La crítica de la sociedad civil (y de la religión) fue llevando a Marx a buscar la “anatomia” de la sociedad burguesa en la economía política, y luego a su crítica de la economía política expuesta en su magna obra inconclusa: El Capital. La crítica al Estado fue esbozada por Marx y Engels en La sagrada familia, la Ideología alemana, el Manifiesto del partido comunista y después desarrollada por Engels en el Anti-Duhring. Marx planteó elementos en la crítica del programa de Gotha. Lenin intentó desarrollar esta concepción en El Estado y la revolución y, me parece, Gramsci logró desarrollar más a fondo una concepción marxista del Estado en sus cuadernos de la Cárcel (sobre esto hablaré en otra entrada del blog). 

Es fundamental tener claro que Marx no entendió la crítica como una mera actividad de negación. Marx no se interesó sólo en realizar una crítica destructiva de las categorías burguesas. Lo que se planteó hacer, de fondo, fue CONSTRUIR algo nuevo, tanto en el terreno de las categorías teóricas como en el terreno mismo de la práctica política. Por eso en El capital, si bien hace una crítica al capitalismo, también hace un estudio en positivo sobre cómo funciona el sistema ofreciendo un marco teórico-categoríal diferente a la economía política burguesa de su tiempo (tanto la ricardiana, como la de la escuela histórica alemana y los pre-neoclásicos cercanos al utilitarismo de Bentham y Mill). Se trata de una síntesis en toda regla, donde Marx buscó superar los límites de la economía política ricardiana (la mejor economía política de su época), pero conservó algunos elementos de ella (y de Smith) articulados bajo un marco teórico-categorial completamente diferente.

A nivel práctico Marx se involucró activamente en las luchas, pero no sólo con el objetivo de destruir la sociedad burguesa, sino de construir una sociedad diferente. Por eso su iniciativa de crear la Asociación Internacional de Trabajadores (la Primera Internacional) para construir un movimiento obrero a nivel mundial, así como el propio manifiesto del partido comunista que contenía un programa político de acción.

Más que simplemente criticar-negar a Hegel, lo que hay de fondo en Marx es un intento por “deconstruir” los conceptos y categorías de Hegel (y de los filósofos y economistas de su época) mostrando el orígen de ellas para mostrar sus limitaciones y luego ofrecer una alternativa más elaborada, con razones más sólidas y materialmente viables. Marx, ya como un pensador científico, se aleja de la mera especulación filosófica y del mero romanticismo de los socialistas utópicos.

La “revolución” para Marx, siguiendo a Hegel, estaría cargada de razones que se enfrentan entre sí y que darán como producto algo nuevo, algo distinto, quizá el socialismo, pero obviamente tendrá sus respectivos dramas y tragedias. Por eso las razones confrontadas deben ser sólidas, materialmente fuertes y éticamente responsables (sobre este tema la obra de Dussel tiene mucho que decir). La razón sin poder es para Marx mera impotencia. Se requiere de fuerza material para confrontar a la razón burguesa, pero también evaluar las razones propias mediante la crítica. 

Quizá en el fondo Marx piensa la revolución no sólo como un mero hecho “violento”, pues todo, según la dialéctica de Hegel tiene un proceso de tensión entre si (pues el ser contiene en sí mismo lo que no es), sino como un cambio histórico profundo, que es inevitable. No hay fin de la historia. Para Marx nunca puede haberlo.

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Puede que Marx haya tenido un sobreoptimismo con respecto a la razón revolucionaria, pues él pensó que al final, la clase trabajadora iba a pasar a tener una consciencia de clase que la llevaría a tener clara su misión histórica. Claramente aquí, en este punto, Marx subestimó el poder de la ideología de la clase dominante, tema que luego va a ocupar a los teóricos de la escuela de Frankfurt (la razón instrumental que lo somete todo, el hombre unidimensional de Marcusse), a Althusser y los "aparatos ideológicos de dominación", a Foucault y la teorízación de la biopolítica (ver su libro Vigilar y castigar), así como a diferentes marxistas que les interesó estudiar el consumismo y la formación de deseos pro-capitalistas en la clase trabajadora (ver los análisis de marxismo y psicoanálisis de Jorge Veraza y Slavoj Zizek). El gran tema de los marxistas de la posguerra del siglo XX es el de la ideología.

III.
En conclusión, pienso que se requiere abordar, nuevamente, ciertas preguntas del idealismo alemán, pero teniendo claro lo que ha pasado desde el siglo XIX hasta la fecha: ¿Quién es el sujeto epistemológico y cómo puede constituirse en sujeto histórico-político? El problema que hoy llamaríamos “agencia” sigue siendo crucial en nuestros tiempos. 

Otro elemento que requiere repensarse es el de la dialéctica misma. ¿Exactamente qué quiere decir dialéctica hoy en el siglo XXI? En este punto es importante tener claro que la dialéctica se ha interpretado de muchas formas. La peor de todas fue el Diamat soviético que pretendía darle un status ontológico a la dialéctica, vulgarizándola y llevando discusiones estrictamente ideologicas al terreno cientítico que llevaron a truncar desarrollos científicos porque "no eran dialécticos" (así pasó en un principio con la mecánica cuántica que en un principio fue criticada por los estalinistas por ser "idealista", o la cibernética por reproducir la lógica-formal, o la genética que fue criticada por no ser coherente con el "materialismo dialéctico"). La dialéctica, en todo caso, debería verse como en Luckacs: como una cuestión estríctamente metodológica, sin comprometerse ontológicamente con la formulación de Hegel. Esto evita caer en los problemas que Hegel mismo puso, pues si la dialéctica tuviera ese papel tan esencial que Hegel le quizo atribuir, en efecto, muchas ramas de las ciencias naturales y sociales se ajustarían muy facilente a la dialéctica. Serían ejemplos individualizados, singulares, de principios o leyes más generales que serían el principio de la contradicción y lo cuantitativo-cualitativo. Pero no es el caso. Después de la muerte de Hegel y de las disputas entre hegelianos de derecha e izquierda, hubo un resurgimiento de las ideas de Kant porque parecía que estas se ajustaban mejor al desarrollo de la ciencia misma. Un ejemplo es el "ficcionalismo" de Vaihinger y la idea de los supuestos "como si" que actualmente es muy discutida entre los filósofos de la ciencia interesados en modelos e idealizaciones.

El proyecto de Hegel de reducir todo a la dialéctica, que Engels radicalizó formulandolas como "leyes dialécticas fundamentales" es simplemente inviable. Ya Manuel Sacristán Luzón realizó una dura crítica a ese proyecto epistemológico mostrando ejemplos de física y matemáticas que no se ajustan a la dialéctica. Quizá hoy, en el siglo XXI, conviene seguir abordando el tema de qué significa tomar la dialéctica como una mera metodología. Exáctamente qué queremos decir con eso. ¿Podemos evitar caer en la teleología hegeliana?

Quizá podríamos aprender algo de los sistemas complejos y de las ciencias cognitivas actuales que dan elementos que nos permiten retener la idea de totalidad, movimiento y transformación. Pero reformuladas por medio de otras categorías que pueden ser más precisas como son sistema, emergencia, causalidad ascendente y descendente, autoregulación, dinámicas no-lineales, procesos-mecanismos del sistema y la relación del sistema con el entorno (actualmente estudiado en la ecología). La conciencia pueden estudiarse desde las ciencias cognitivas, poniéndo énfasis en el carácter ecológico de la cognición, donde se entiede a la cognición como una capacidad para poder interactuar con el mundo, que está corporalizado en prácticas socialmente distribuidas, incrustadas en tecnología y normas sociales, realizada mediante la acción, extendidas mediante la interacción agente-entorno. Son formas más refinadas de pensar la relación sujeto-objeto, que lejos de romper con la tradición marxista la complementa.

Yo pienso que los marxistas del siglo XXI si tenemos que ser muy críticos con todo, empezando con nuestra propia tradición de pensamiento. Y esto involucra, naturalmente, someter a crítica la noción misma de dialéctica para evitar su mistificación.

sábado, 2 de junio de 2012

La dialéctica en el anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend


El pensamiento filosófico del célebre, pero ahora algo olvidado, Paul Feyerabend, es muy rico y complejo. Este pensador de gran cultura y de grandes experiencias personales ha tratado de sintetizar su concepción de la ciencia bajo el “principio” (más bien “medicina”, como sugieren algunos de sus interpretes) del todo vale (“anything goes”), que no es otra cosa sino la expresión sintetizada de su anarquismo-dadaísmo epistemológico que se opone a toda forma de absolutismo y autoritarismo epistémico y a toda forma de dogma. 

                                                          

Es anarquismo epistemológico porque el autor propone abandonar el ideal de racionalidad positivista, que a su vez es heredera de la concepción cartesiana de la razón, basado en reglas que se creen “ciertas e infalibles”. Esta forma de enseñar la racionalidad científica, sin pasiones y sin emotividad, se enseña de manera estándar en el llamado "método científico". Para Feyerabend tal concepción fría, reduccionista e inútil de la racionalidad es indigna de un hombre libre.  

Sobre esto este autor hace una muy importante observación. A continuación cito sus palabras:
"Sin estándares de verdad y racionalidad universalmente obligatorios no podemos seguir hablando de error universal. Podemos hablar solamente de lo que parece o no parece apropiado cuando se considera desde un punto de vista particular y restringido; visiones diferentes, temperamentos y actitudes diferentes darán lugar a juicios y métodos de acercamiento diferentes. Semejante epistemología anarquista –pues en esto es en lo que se resuelve nuestra teoría del error- no sólo resulta preferible para mejorar el conocimiento o entender la historia. También para un hombre libre resulta más apropiado el uso de esta epistemología que el de sus rigurosas y “científicas” alternativas (Feyerabend, 1989: 12; las cursivas son mías)”.

Más adelante el autor dice en su obra clásica, "Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento", en tono irónico y burlón, que el único principio abstracto que puede ser defendido es el principio del todo vale, mismo que en todo caso sería el único principio de la “metodología anarquista”.




Es claro que Feyerabend lejos de hablarnos de un conjunto bien definido de “anti-métodos”, o de “anti-reglas” (estándares definidos en negativo) que hay que seguir al pie de la letra para garantizar el desarrollo “correcto” de la ciencia, más bien se preocupa por generar una actitud humanista y libre, que tome como eje central el cultivo de la individualidad en la formación intelectual e integral de las personas (de ahí su rechazo radical a las tendencias de hiperespecialización y estandarización de la ciencia que en la actualidad tienen como consecuencia la castración del pensamiento, mentes amputadas, cosificadas, y con ello, la deshumanización de las personas que son formadas en los cánones de la ciencia moderna hiperespecializada, al servicio del capital). Por eso mismo hasta llega a señalar que los científicos deberían aprender arte. La figura del científico ideal es para este autor Galileo Galilei, quien representaba muy bien el espíritu renacentista, de hacer de todo para tener una capacidad creativa inmensa. Además de que Galileo Galilei era para su época un rebelde.


En este sentido, tanto la “teoría del error” como la “contrainducción” (que consiste, particularmente en las ciencias naturales, en no tomar como válido siempre las "pruebas empíricas", que en sus estadísticas y equipos ya están sesgando el objeto de estudio, pues estas no garantizarán siempre y de manera concluyente que algo sea verdadero o falso, según se plantea desde tiempos de Pierre Duhem y más tarde con Hanson, problemas clásicos como "subdeterminación empírica de la teoría por la evidencia" y "carga teórica de la observación") son, para Feyerabend, simplemente recursos heurísticos que inspiran el movimiento del pensamiento de los científicos según sean las aplicaciones concretas de estos en los diversos y particulares episodios ocurridos en la historia de la ciencia. No se trata de meros "métodos" que consisten en seguir pasos bien definidos, reglas fijas o principios inflexibles (definido en negativo, es decir, como todo aquello que el científico no debe hacer) que todo pensador libre y humanista debe de seguir. Feyerabend simplemente describe cómo estos recursos han operado en la historia (tan compleja, rica y si se quiere hasta divertida en muchos episodios concretos) de la ciencia. Este autor no pretende mostrarnos estos recursos como “leyes” que operan siempre, en todo el desarrollo histórico de la ciencia. Así pues no hay algo así como "recetas" que garanticen el conocimiento pleno de la realidad, ni que nos garanticen que algo es verdadero y válido para siempre. 

En este sentido, Feyerabend, más que preocuparse por proponer una nueva “metodología” que hay que seguir al pie de a letra, este autor se centra en destacar los elementos heurísticos de la ciencia que están dentro y fuera de las academias y que forma pensamientos libres y humanos. De ahí su defensa del pluralismo que el filósofo liberal (y también socialista) del siglo XIX, John Stuart Mill, impulsó en su libro clásico “Sobre la libertad” (al cual Feyerabend da muchísima importancia, el otro autor sobre el que se apoya de manera central es Hegel, como veremos). 


La proliferación, la diversidad y la tolerancia (en clara analogía con John Stuart Mill) son fuentes de recursos heurísticos que pueden ser útiles para los científicos que no deben ser reprimidos ni censurados en lo más mínimo, de lo contrario se tendrá menos opciones de elección y de confrontación de ideas. De ahí que Feyerabend considere que mientras más pluralidad haya, más posibilidades se tiene de impulsar el avance de la ciencia mediante los contrastes de las diversas ideas, a menudo antagónicas entre si. Por eso en las escuelas deben enseñarse más de una sola visión estandarizada de la ciencia, misma que tiende a limitar la imaginación de los científicos, y con ello, el avance de la ciencia. Por el contrario, la formación debe ser radicalmente plural. He aquí el lugar importantísimo que ocupa la dialéctica en la filosofía de Feyerabend. De hecho este punto se tiende a olvidar cuando se discute sobre Feyerabend, pues de él a veces se hacen críticas sólo considerando de manera parcial su pluralismo (que si nos quedamos con la pura perspectiva de Mill sería muy limitado y si se quiere hasta reaccionario, de tal forma que en las academias puede ocurrir que la "pluralidad" devenga en indiferencia mutua, y con ello, en feudalización del saber). Veamos qué es lo que destaca el célebre, polémico y, sobre todo mal entendido filósofo austriaco al respecto.

Los autores que Feyerabend retoma para construir una imagen de la dialéctica que le permita conectar el “principio de proliferación” y el “pluralismo epistémico” con su noción particular de progreso científico (entendido como un proceso de enriquecimiento conceptual) son Georg Hegel (principalmente), Friedrich Engels, Vladimir Lenin y Mao Zedong. Todos ellos los retoma de manera crítica (destacando solamente los elementos “anarquístas” del pensamiento de estos intelectuales) para explicar de la mejor manera posible los tres principios (leyes) “universales” que Hegel formuló sobre la dialéctica, mismos que deberían estar presentes en el pensamiento de todos los científicos genuinos siempre abiertos a la crítica y a los cambios progresivos del conocimiento. Estos son, a saber:

a) La consideración de que todas las partes de un todo están ligadas entre sí, porque cada parte, a su vez, se contiene a sí mismo y contiene al todo. Es decir, cada parte contiene lo que es y lo que no es;

     

b) Todos los objetos finitos, en su devenir histórico, luchan por ser lo que no son. Este antagonismo mantiene en constante tensión a las diversas partes que constituyen la totalidad de la naturaleza, de tal forma que cuando el objeto se mueve más allá de los límites de lo que es, el objeto deja de ser lo que es y se transforma en lo que no es. Es “negado” y en este sentido se genera un movimiento (en el sentido Aristotélico del término, no en su sentido Newtoniano) tanto en la naturaleza como en el pensamiento humano;

  


c) La negación, tanto en términos conceptuales como de hecho de un contenido tiene como resultado un contenido “especial” que se expresa en un nuevo concepto “más elevado”, “más rico”que el concepto que lo precedió porque ha sido enriquecido por su negación siendo la unidad del concepto original y de su oposición. Estamos en lo que se suele conocer como “afirmación de la negación”, o simplemente como “síntesis”, culminación temporal del enfrentamiento entre la “afirmación” (tesis) y la “negación” (antítesis), pero que contiene a ambos y que a su vez los niega para convertirse a su vez en el nuevo punto de partida del movimiento dialéctico de la naturaleza.


Estos tres principios de la dialéctica son retomados por Feyerabend para mostrar la importancia de la interacción entre las ideas (incluso antagónicas) y así mostrar lo importante que es el cambio en los conceptos científicos (los cuales son, todos ellos, finitos igual que el hombre). En este sentido, para Feyerabend el estancamiento conceptual de la ciencia (y de cualquier tradición de pensamiento, que de hecho suele considerarse ORTODOXA) lejos de representar un éxito, representa un fracaso simplemente porque no es dialéctico (tal y como ocurre en la actualidad con el pensamiento económico ortodoxo que se enseña de manera dominante y privilegiada en muchas partes del mundo y ahora es incapaz de dar respuestas prácticas viables a la tremenda crisis económica mundial actual). 


En este sentido encuentro en Feyerabend una posición claramente progresista en lo que respecta a la ciencia (promueve constantemente su transformación), reconociendo incluso la posibilidad de la existencia de un progreso acumulativo, pero como en Hegel, no lineal ni fatalmente determinado. Él diría que el diálogo entre las posiciones diversas debería ser franco, abierto y fluido, y en este sentido me parece que él criticaría a aquellas posiciones que privilegian sus prejuicios en el diálogo y confrontación con lo diverso (lo extraño, lo otro) para mantener sus posiciones conservadoras (como es el caso del filósofo hermenéutico Gadamer, a quien se le ha criticado las consecuencias conservadoras de su pensamiento, pese a que esa no sea la voluntad de este autor).


En este sentido, el pensamiento epistémico de Feyerabend (de consecuencias claramente subversivas, pues tiende a fomentar una actitud crítica muy radicalizada, casi escéptica, naturalmente antagónica con todo conservadurismo y status quo existente, QUE TIENE COMO CONSECUENCIA LÓGICA LA TESIS QUE YO PLANTEO DE QUE TODA ORTODOXIA ES ANACRÓNICA Y DOGMÁTICA) no puede entenderse sin considerar sus bases ontológicas claramente dialécticas, mismas que lo hacen respaldar de una manera aún más sólida (bajo las premisas más universales que puede haber) su pluralismo epistémico. En este sentido, la no censura de ideas también cumple un papel en el devenir de las ideas correctas al señalar, siguiendo a Mao Zedong, que las ideas correctas luchan contra las ideas incorrectas por imponerse en la mente de las personas. Este proceso permite que las ideas correctas se impongan con más fuerza y vivacidad sobre aquellas ideas que son consideradas por algunos como “incorrectas”. No obstante ello, quienes defienden estas ideas también están en su derecho de negarse a aceptar las ideas “correctas” y seguir trabajando sobre aquellas ideas consideradas como “incorrectas” para transformarlas y seguir tomando partido en la discusión epistémica (a menudo antagónica) sobre cómo es realmente el mundo. En este sentido, el pluralismo y la proliferación nos benefician a todos, pero claro, siempre y cuando no se tengan actitudes conservadoras y dogmáticas de oponerse a las críticas sin dar argumentos y el no estar dispuesto a transformar las propias ideas que se sustentan. 

Citemos in extenso al propio Feyerabend para finalmente cerrar este breve escrito sobre la importancia de la dialéctica en este autor:

“Resumiendo: El conocimiento es parte de la naturaleza y está sujeto a sus leyes generales. Las leyes de la dialéctica se aplican al movimiento de los objetos y los conceptos, así como al movimiento de unidades más elevadas que incluyan objetos y conceptos. De acuerdo con estas leyes generales, cada objeto participa de todo otro objeto e intenta transformarse en su negación. Este proceso no puede ser entendido atendiendo a aquellos elementos de nuestra subjetividad que están todavía en un relativo aislamiento y cuyas contradicciones internas no se han revelado aún (la mayor parte de los conceptos habituales de la ciencia, las matemáticas, y especialmente las rígidas categorías utilizadas por nuestros modernos axiomáticos son de esta índole). Para entender el proceso de negación debemos atener a aquellos otros elementos que son susceptibles de cambio, para transformarse en sus opuestos, y que pueden, por eso mismo, dar lugar a conocimiento y verdad, “la identidad de cosa y concepto”. La identidad misma no puede lograrse mecánicamente, es decir, aprehendiendo algunos aspectos de la realidad y jugueteando con los restantes aspectos, o teorías, hasta que se logre el acuerdo (…) Mejor será proceder dialécticamente, esto es, por una interacción de concepto y hecho (observación, experimento, enunciado básico, etc.) que afecte a ambos elementos [¡praxis!]. La lección para la epistemología es esta: No trabajar con conceptos estables. No eliminar la contrainducción. No dejarse seducir pensando que por fin hemos encontrado la descripción correcta de “los hechos”, cuando todo lo que ha ocurrido es que algunas categorías nuevas han sido adoptadas a algunas formas viejas de pensamiento, las cuales son tan familiares que tomamos sus contornos por los contornos del mundo mismo (Feyerabend, 1989: 35-36; las cursivas son mías)”

Debe decirse, finalmente, que Feyerabend no postula y promueve el relativismo epistémico en sentido estricto (que sostiene que cualquier teoría y cualquier enunciado sobre el mundo es válido), precisamente porque sus bases dialécticas de pensamiento lo llevan a asumir como tarea principal de todo intelectual lograr la identidad entre cosa y concepto, de tal forma que el conocimiento debe ser definido, siguiendo a Lenin, como


“la eterna e infinita aproximación de pensamiento y objeto. El reflejo de la naturaleza en el pensamiento humano no está “muerto” no es “abstracto” no carece de movimiento, ni de contradicciones, sino que ha de concebirse como un proceso en eterno movimiento que da lugar a contradicciones y se desprende de ellas” (Lenin, citado en Feyerabend, 1989: 164; subrayados en el original).



Es por ello que la "contrainducción" no es una regla, sino simplemente un recurso más de los tantos que hay y de los cuales el científico genuino puede emplear en sus prácticas científicas para conocer mejor el mundo y transformarlo.

Bibliografía:

Feyerabend Paul (1989), Contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento, ED. Ariel, Barcelona, España






Saludos solidarios
Josafat Hernández