viernes, 24 de mayo de 2019

Algunas notas sobre Michael Sandel y su crítica a la mercantilización de la sociedad

I. 
En estos años he tenido la oportunidad de leer y ver de manera presencial algunas conferencias de muchos de los principales referentes de los temas que trabajo en filosofía de la economía y economía del comportamiento (Behavioral Economics): Gerd Gigerenzer, Samuel Bowls, Tony Lawson, Mary Morgan, Uskali Mäki, así como del Premio Nobel de Economía George Akerloff. Hoy tuve la oportunidad de ver en vivo a Michael Sandel en la Universidad Complutense de Madrid, a quien hemos leído y discutido con mucho interés en nuestro Seminario de Filosofía de la Economía de la UNAM. 

Sandel recibió algunas distinciones por su destacada trayectoria y luego dió una charla sobre su libro "Lo que el dinero no puede comprar" donde expone sus puntos de vista sobre la mercantilización de la sociedad. Sandel hizo que el público participara constantemente en el diálogo lo cual me hizo recordar que la filosofía debería verse como una actividad esencial mente colectiva, basada en el diálogo socratico, basado en razones, una actividad esencialmente dialéctica pues. Realmente me impresionó el manejo que Sandel tiene del público, el cual tuvo en todo momento una participación activa en la charla (o más bien diálogo) que duró poco más de 2 horas. Las maneras en que logró que el público se involucrara y participara en los diálogos fue introduciendo el tema principal de su libro: la mercantilización de la sociedad y los problemas filosóficos que ello involucra. Puso ejemplos concretos que involucran la transacción de bienes que no suelen ser temas económicos, pide votar a favor o en contra de cada posición (¿se está en favor de la mercantilización de ese bien?) y luego pide a algunos de los asistentes que argumenten por qué están en favor o en contra de cada caso lo cual habríó debates muy interesantes.



Los ejemplos sobre los que se trataron fueron los rinocerontes en peligro de extinción, la actitud de los pueblos europeos hacia los refugiados, el pago de servicios ambientales para reducir la contaminación y el embarazo subrogado. En el primer caso se dijo que si se estaba en favor o en contra de que aumentara el costo para ir a cazar rinocerontes en peligro de extinción con el objeto de recaudar fondos para usarlos en favor de proteger a las especies en peligro de extinción. En el segundo caso se habló sobre el caso de un pueblo pequeño de Suiza que decidió en una asamblea no acoger refugiados y pagar una multa por ello. En el tercer caso se discutió sobre si se estaba en favor de que aumentaran las multas a empresas por la contaminación emitida (sin prohibir ni imponer nada) y que se les pagara a los países de tercer mundo porque estos aceptaran tener ciertas empresas que hacen actividades altamente contaminantes (que acepten un pago por dejar contaminar sus países pues). En el último caso la discusión versó sobre si se debería permitir que haya mujeres que presten su vientre a otras parejas que no pueden tener hijos y que al cabo del parto se entregue el bebé a la pareja que pagó por el servicio de tener un bebé.



Todos los casos generaban una división en las opiniones del público. De fondo, me parece, se estaba apelando a las intuiciones que tenemos sobre qué es justo  y qué no es justo. Y mucho de ello tiene que ver con nuestra propia postura con respecto a la mercantilización. Todos los ejemplos iban en la dirección de mostrar que en nuestra manera de razonar, hay elementos que vuelven problemático pensar en términos económicos dimensiones de la sociedad que no se suelen poner en esos términos. En este ejercicio, nos dice Sandel, se muestra que el mercado (en la época del neoliberalismo) tiende a mercantilizarlo todo, y con ello, nuestra sociedad tiende a convertirse en una sociedad de mercado. Esto es, las normas sociales tienden a alterarse y a sustituirse por normas de mercado (que en términos técnicos se llama "efecto desplazamiento", crowding out). Según Sandel, el efecto desplazamiento involucra una sustitución de un razonamiento basado en normas sociales y morales por un razonamiento basado en el mercado. Esta mercantilización, según Sandel, debería de preocuparnos por varias razones. Dos de ellas son las siguientes: 



1) La mercantilización tiende a perpetuar la desigualdad y la inequitad, pues tanto los derechos como las obligaciones tienden a tener un precio de tal forma que sólo los que tienen más dinero pueden tener acceso ciertos bienes y a tener ciertos derechos. 



2) las normas morales que tienden a generar un sentido de pertinencia a una comunidad tienden a desquebrajarse y con ello tienden a generar un problema de corrupción y de degradación moral. 



Sandel considera que si bien los mercados pueden ser una buena herramienta para organizar la producción y distribución de mercancías, estos deberían tener límites morales. Gran parte de la frustración y coraje que hoy existe en la sociedad contemporánea, nos dice Sandel, tiene que ver con la crisis del liberalismo y la tendencia hacia la mercantilización que ha tendido a generar una gran masa de gente desposeida que simplemente no puede tener derechos por carecer de dinero, tiende a generar corrupción pues se cree que todo tiene precio. La mercantilización de diferentes esferas pervierten y corrompen las reglas de interacción que hay entre los agentes. Por esa razón Sandel piensa que se tiene que pensar en organizar una nueva sociedad donde se regulen los mercados y se eviten los excesos de la mercantilización. 






II. 
Creo que uno de los principales méritos históricos de Sandel que es ha logrado posicionar una crítica ético-moral a los mercados capitalistas y la ha logrado difundir a gran escala. Se trata de una crítica "comunitarista" que ha tenido mucha resonancia debido a los tiempos de crisis del capitalismo neoliberal que lo tendieron a mercantilizar todo y con ello, generaron una terribe degradación social y moral... La manera en cómo articuló su discurso (tanto en las presentaciones en vivo, como en sus libros, así como en sus videos) es muy pedagógica y muestra que, en efecto, hay algo que está mal en la mercantilización. Él apela a algo que puede llamarse "intuiciones morales", una posición que recuerda al sentimentalismo de David Hume (sin ser peyorativos) o los "sentimientos morales" de Adam Smith.



Sin embargo, Sandel no explica por qué la mercantilización misma está mal. No elabora una posición explícita donde se critique o defienda la mercantilización. Da la impresion que Sandel simplemente está interesado en detectar las situaciones donde la mercantilización está mal, pero no es un crítico en sí mismo de la mercantilización. Y en esto, claramente hay una diferencia con Karl Marx y todos los seguidores de un "marxismo humanista" donde una de las principales críticas morales al capitalismo es que la mercantilización de fondo involucra deshumanización. Es decir, es una reducción ontológica de "lo humano" a lo meramente cósico-mercantil. Sandel, como no se quiere comprometer con criticar al capitalismo, no sugiere que en el desarrollo de las sociedades de mercado hay una DESHUMANIZACIÓN. 


Para seguir con el hilo argumental sobre su diferencia con Marx, Sandel a su vez parece asumir una distinción que los marxistas no aceptarían: economía de mercado y sociedad de mercado. La postura de Sandel parece no querer cuestionar lo primero (la economía de mercado) porque esta puede ser eficiente y, porque además no es su área de expertise (esa la estudian los economistas, no los filósofos). Pero se centra en lo segundo, que aborda bastante bien, pero que desde mi punto de vista supone una distinción que no se puede sostener: una separación entre "lo económico" y "lo social", como si lo económico no fuera social y lo social no fuera también económico. Hay argumentos que los antropólogos seguidores de Karl Polanyi (el enfoque substantivista) han elaborado bajo el concepto de "incrustación" (embedded), donde lo económico y lo socio-cultural son un todo inseparable. Los ejemplos que dan esos antropólogos van desde sociedades del pacífico que organizan sus prácticas económicas tomando en serio sus propias prácticas culturales (como la "economía del don" de Marcel Mauss), hasta casos históricos donde la sociedad feudal tenía prácticas económicas que estaban fuertemente articuladas también por comportamientos socioculturales. Es decir, Sandel parece asumir una separación entre "lo económico" y "lo social" que grandes pensadores sociales rechazarían: Weber (quien dio mucha importancia a los cambios de religión para la formación del ethos o espíritu del capitalismo), Durkheim (que pensaba que las normas sociales estructuraban todas las interacciones entre los agentes más allá del "interés propio"), Marx que pensaba que la producción-circulación eran un todo unificado basado en una "forma mercancía" (o forma-valor) que se despliega de diferentes maneras y que está acotado social e históricamente, así como otros autores como Bourdieu que considera que la economía ella misma tiene "estructuras sociales" que la articulan. Para Bourdieu y otros autores (por ejemplo economistas institucionalistas tipo Veblen y Hodgson) el comportamiento de los agentes siempre es algo que se estructura por medio de hábitos (o hábitus como Bourdieu le llama). 


El argumento sobre la "mercantilización" de Sandel parece requerir de establecer una seperación entre "lo económico" y "lo social" (lo cual es muy cuestionable), donde pareciera que su principal objetivo es mostrar los problemas que implica reducir lo social a lo económico, o puesto en otros términos, la invasión de lo económico (entendido este como un tipo de razonamiento) a otros terrenos sociales (que tienen otro tipo de razonamiento). Pero me parece que se puede plantear el problema de la mercantilización en otros términos, siguiendo a Marx, donde la mercantilización sería tratar a seres humanos (derechos y normas sociales) como si estas fueran mercancías que se compran y venden en el mercado. La antinomia o contradicción a asumir sería forma-mercancía vs forma-social (natural), o dicho en otros términos: la contradicción valor de uso-valor. 





Creo que la crítica de Marx a las sociedades de mercado va mucho más lejos que la crítica de Sandel, pues esta involucra también una crítica a la fetichización de las mercancías, esto es, tratar al dinero (y otras mercancías) como si fueran totems (o ídolos) a los cuales se les atribuye poderes mágicos y sobre los cuales los seres humanos se someten. En Marx, el desarrollo capitalista involucra una mercantilización donde se da una "profanación de lo sagrado", donde "lo sólido se desvanece en el aire", donde lo que es esencialmente histórico se naturaliza y se trata como si fuera algo absoluto y eterno, de tal modo que es verdad lo que dice Slavoj Zizek: es más fácil que la gente piende en el fin del mundo que en fin de la sociedad capitalista. La crítica de Marx a la mercantilización es más potente que la crítica de Sandel.

Pero no por ello Sandel carece de méritos. Yo pienso que uno de sus grandes méritos es que constribuye a criticar una idea muy arraigada entre los economistas: que todo problema social se puede arreglar con "incentivos". Por incentivos entiendo sistemas de premios y castigos, bonos y multas, con garrotes y zanahorias que tienden a generar ciertos reforzadores en un ambiente para motivar a que los agentes (seres humanos o animales) tengan un comportamiento previamente establecido. En inglés se usa la expresión feeding the monkey (alimentar al mono) para referirse a esto: si quieres que el mono baile, le das comida, si no quieres que salte lo castigas. Así el mono aprende a reconocer las señales y aprende qué hacer (y no hacer). Así funciona la domesticación. El problema es que ese mismo modelo se ha llevado al terreno de las políticas públicas.

Los gobiernos han llevado el tema de los incentivos y otras técnicas del conductismo al terreno de las políticas públicas. En gran medida, la escuela de Chicago, con Friedman y sobre todo con Gary Becker a la cabeza, popularizaron la idea de los incentivos al tratar temas como la criminalidad como un problema de incentivos: el agente decide o no robar en función de la utilidad esperada que él calcula. Y justo contra esa posición es que Sandel levanta su crítica. Sandel presenta argumentos muy sólidos donde muestra cómo los esquemas de "premios y castigos" tienden a pervertir las relaciones sociales entre las personas, pues se pasa de un "moral reasoning" a un "market reasoning", debido a que las personas sustituten las motivaciones de sus acciones: antes de la introducción de incentivos una persona puede hacer una acción determinada motivado por los usos y costumbres que hay en su comunidad. Luego de la introducción de los incentivos a la moral se le pone un precio, y se hacen ciertas acciones sólo si hay una recompensa monetaria de por medio. Por ejemplo, a un niño se le puede enseñar que leer es bueno y que deberia leer porque asi aprende más etc. Pero con los incentivos se le enseña que si lee le dan premios, entonces este puede adquirir un conportamiento oportunista donde lee cualquier cosa (de baja calidad), para poder acceder a los premios. Así se empieza a adquirir una racionalidad instrumental, donde leer se convierte en un medio y no en un fin en sí mismo. Lo que dice Sandel es que al final los instrumentos de los economistas no tienden a formar buenos ciudadanos, sino meros consumidores que se relacionan de manera mercantilizada con otras personas. Y en esa misma dirección va el trabajo de Samuel Bowles. Los paralelismos con la tesis del fetichismo de la mercancia de Marx son enormes. Aunque como hemos visto, Marx va mucho más lejos que Sandel. No por ello, creo, hay que menospreciar la obra de Sandel quien de hecho ha hecho un gran esfuerzo intelectual.

Quizá una línea de trabajo que pueda ser interesante es conectar el trabajo de Sandel con el trabajo que están haciendo ciertos "economistas del comportamiento" que abordan la racionalidad como algo también moralmente acotado, donde el sentido instintivo de justicia también juega un papel en la toma de decisiones económicas de los agentes. 

viernes, 1 de febrero de 2019

¿Venezuela es una dictadura? Algunos elementos para desmontar prejuicios

Me parece que los medios de comunicación en México han estado reproduciendo un error categorial básico: confundir dictadura y gobierno autoritario. Algunos "líderes de opinión" dan por sentado que Nicolás Maduro es un dictador sin siquiera argumentar por qué. Esta manera irresponsable de hablar sobre hechos políticos tiene una consecuencia lamentable: empobrece el nivel del debate público.

Una dictadura es una forma de gobierno donde hay una concentración del poder (en un sólo individuo, o en una junta militar, o en una junta civil). En las dictaduras desaparece la división de poderes (todo lo controla el poder ejecutivo). Se desaparecen los parlamentos. Desaparecen los medios de comunicación y los partidos políticos de oposición porque se ilegalizan. El dictador se perpetua en el poder y no se somete a elecciones. El pueblo no puede elegir, todas las decisiones se concentran en un sólo sujeto (o junta de gobierno). Ejemplos de dictadores son los siguientes: Julio César (que disolvió el parlamento romano), Napoleón Bonaparte, Porfirio Díaz, Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Stalin, Pinochet, Videla entre otros.

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Nicolás Maduro, pese a lo que muchos piensan de manera prejuiciosa (sin siquiera haber leído algo básico de teoría política) no es un dictador. No es un dictador porque no ha disuelto el parlamento, permite que haya prensa y partidos políticos de oposición y apenas inició su segundo periodo (gobierna desde 2013). Hay gobernantes actuales como la canciller Angela Markel (desde 2005 a la actualidad) que llevan más tiempo en el poder que Maduro.

Toda dictadura es un gobierno autoritario. Pero no todo gobierno autoritario es una dictadura. Los matices importan.

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Lo que hay en Venezuela es un régimen de democracia representativa, donde el ejecutivo se ha vuelto un gobernante autoritario. Pero eso ha sido así por el lamentable comportamiento de la oposición. Esa oposición ha sido profundamente antidemocrática. En 2002 intentaron hacer un golpe de Estado (Chávez apenas tenia tres años en el poder) que fracasó. En 2002-2003 intentaron hacer un boicot petrolero para ahorcar las finanzas públicas. En 2006 cuando el gobierno de Chávez decidió no renovar la concesión a Radio Carácas TV (en gran medida porque este monopolio mediático apoyó el golpe de 2002), la oposición llamó a los estudiantes a enfrentarse con las fuerzas represivas del régimen en violentas confrontaciones callejeras. Estas confrontaciones han subido de intensidad y magnitud en los últimos años (particularmente desde 2016). La crisis económica de Venezuela iniciada en 2013 ha sido un caldo de cultivo de gran frustración que ha alimentado a las "guarimbas", que son jóvenes que hacen manifestaciones muy violentas (han llegado a quemar vivos a simpatizantes chavistas). La oposición también han impulsado una guerra económica donde han contribuído a desquiciar la economía especulando con los precios y generando escasez económica. En México ya tuvimos algo de "guerra económica" con los sabotajes a PEMEX de huachicoleros y luego con las compras de pánico inducidas por la manipulación mediática. Sólo que en Venezuela esta guerra económica se ha desarrollado a un nivel mucho mayor.

Como podemos ver, la oposición venezolana es profundamente antidemocrática y revanchista.

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El papel del gobierno de los Estados Unidos siempre ha sido lamentable: amenaza permanente de intervención militar, han financiado a una oposición violenta e irracional, han dado entrenamiento de dirigentes infiltrados que buscan dar "golpes blandos" (soft-power) como en Ucrania y un largo etc. 

Nicolás Maduro tampoco es un gran estadista ni tiene el carisma del gran Hugo Chávez. Ellos dos son como Lenin y Stalin pero en versión tropical. El primero fue el gran visionario, la figura símbolo, el dirigente político en toda la extensión de la palabra. El segundo fue el seguidor dogmático (Stalin era más leninista que Lenin, Maduro es más chavista que Chávez). Stalin y Maduro enfrentaron una situación muy desesperada, y la salida que encontraron frente a los acedios violentos de los imperialismos y de la reacción fue volverse autoritarios.

Pero pese a la violencia, Maduro no dió el paso que si dió Stalin para volverse un dictador: no hizo purgas, no expropió los medios de producción de la alta burguesia, no ilegalizó a la oposición y a la prensa opositora, no disolvió el parlamento, no envió a sus enemigos a campos de concentración (Gulags) ni tampoco impuso una colectivización forzada del campo ni una industrialización forzada. Maduro siguió jugando dentro de las reglas básicas de la democracia burguesa. Ha amenazado con volverse dictador. Pero no dió ese paso. Y creo que no lo dará porque eso seria traicionar el legado de Chávez.

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El mundo no es "blanco-negro" es mucho más complejo y trágico que eso. Creo que atribuirle a Maduro la culpa de toda la crisis económica, política y social que hay en Venezuela es una posición excesivamente infantil. La violenta e irracional oposición (liderada hoy por Juan Guaidó, antes por Leopoldo López) y el acedio imperialista de los Estados Unidos también tienen su parte de responsabilidad en la catástrofe social que ahora mismo hay en Venezuela.

domingo, 10 de junio de 2018

La construcción de hegemonía de López Obrador

Por Josafat Hernández

El próximo 1 de julio serán las elecciones presidenciales en México. Todo parece indicar que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) va a obtener la victoria. El candidato de la coalición "juntos haremos historia" (Morena-Partido Encuentro Social y Partido del Trabajo) tiene más del 50% de intención de votos según diferentes encuestas. Tiene una cómoda ventaja de casi 20 veinte puntos sobre su seguidor más cercano, Ricardo Anaya, de la alianza PAN-PRD. En un tercer lugar está José Antonio Meade del PRI, quien apenas tiene 20% de la intención por el voto aproximadamente. Jaime Rodríguez Calderón (el "Bronco"), candidato independiente, tiene cerca de 3% en las encuestas. En lo que va de las campañas AMLO ha ido subiendo en las encuestas. Esta vez no ha cometido errores de discurso, se ha mostrado muy pacífico y la llamada "guerra sucia" contra él, una campaña mediática contra él que busca ligarlo a Hugo Chávez, al populismo y la revolución bolivariana simplemente no ha generado ningún efecto entre los votantes.

Si AMLO gana la presidencia sería algo histórico. No sólo porque sería el primer presidente identificado con la izquierda en llegar a la presidencia de México desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, que gobernó de 1934 a 1940. Sino porque mostraría que esta vez la voluntad popular mayoritaria se va a imponer en un país que tiene débiles instituciones democráticas.

Ahora las élites tienen muy difícil el contexto para imponer un fraude, porque ahora, el escenario es muy distinto a 2006. En ese entonces se dio una escasa diferencia en las encuestas entre AMLO y Felipe Calderón, una guerra sucia que surtía efectos, una élite unificada en contra de él y un poder mediático muy fuerte de las televisoras que tenían el monopolio de la palabra para influir en la formación de la opinión pública. Ahora ninguno de esas condiciones se da. La diferencias entre AMLO y sus adversarios es muy grande en las encuestas. La guerra sucia mediática ya no surte efecto porque a los mexicanos ya no nos espanta estar como Venezuela (México en muchas cosas está igual o peor que Venezuela), las élites no están unidas contra AMLO y el monopolio de la palabra ya no la tienen las televisoras. Las redes sociales hoy son más importantes, sobre todo entre los jóvenes, para formar su opinión pública.

Pero hay más. La posible victoria del tercer intento de AMLO se da en un contexto de agotamiento de las instituciones y los discursos neoliberales. En el tema institucional hay un gran desgaste porque estas son incapaces de evitar la corrupción, la inseguridad y la violación de los derechos humanos. Con el regreso del PRI al gobierno federal, desde 2012 a la fecha, la corrupción se desató a niveles escandalosos. Algunos ejemplos son la "estafa maestra", Odebrecht, la "casa blanca", el saqueo del ex-gobernador Javier Duarte del Estado de Veracruz, entre otros temas.

La inseguridad no disminuyó. Al contrario, se incrementó, a tal punto que este sexenio fue uno de los más violentos en la historia reciente del país (cerca de 90 mil asesinados, el secuestro y la extorsión también han aumentado). La violencia se desató por todo el país. De las 10 primeras ciudades más peligrosas del mundo, 5 son mexicanas (Los cabos, Acapulco, Tijuana, La Paz y Ciudad Victoria). Sobre la violación de los derechos humanos tenemos casos como la desaparición forzada como los 43 de Ayotzinapa, el asesinato de periodistas (como los de la colonia Narvarte de la Ciudad de México) y los feminicidios (de 2007 a 2016 han muerto 22 mil 482 mujeres, según cifras del INEGI).

Hay un gran malestar social que se ha alimentado además por la falta de crecimiento económico, la persistencia de la pobreza y por los crecientes "gasolinazos" que han ido encareciendo los precios de los bienes de la canasta básica. En ese contexto la campaña sucia contra AMLO ya no funciona, pues la gente ya no se impresiona por lo que ocurre en Venezuela. En algunos aspectos como la violencia y la inseguridad México está igual o peor que ese país. En narcotráfico y feminicidios claramente estamos peor. La narrativa neoliberal antipopulista ya no se reproduce tan fácilmente porque la gente identifica en los gobiernos neoliberales de México lo mismo que se critica al gobierno de Venezuela: autoritarismo, militarización, violación de los derechos humanos, corrupción, encarcelamiento de dirigentes sociales, censura, políticas económicas ineficaces y violencia. Incluso en México hemos tenido saqueos. En 2017 se organizaron saqueos a supermercados en diferentes partes del país.

Poco a poco se ha ido dando un proceso de agotamiento del régimen socio-institucional neoliberal en México. El hartazgo ahora es generalizado. Aunque en algunos lugares se expresa de manera más cruda que en otros. Tales son los casos de la formación de grupos de autodefensa y policia comunitaria que hacen lo que el gobierno no puede: protegerlos de la depredación del crimen organizado.



Y por si fuera poco, el contexto económico internacional es adverso a las élites neoliberales. En particular la victoria de Donald Trump ha puesto de manifiesto el carácter caduco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ese presidente ha humillado a los mexicanos y ahora amenaza con construir un muro que tiene una importancia simbólica para su gobierno, más que ser una via eficaz para evitar los flujos migratorios. El "libre mercado" ya no tiene el prestigio que tuvo en la década de los noventa, y ahora vemos más prácticas proteccionistas en diversas partes del mundo.

En este contexto México enfrenta un creciente desgaste que puede convertirse en lo que Antonio Gramsci llama "crisis orgánica del régimen", pues el hartazgo de la gente puede minar la "dominación por consentimiento" que hace posible la estabilidad del gobierno. Pero el tema es muy delicado, porque incluso en varios lugares del país el gobierno ha perdido lo que Max Weber llama "el monopolio del uso legítimo de la violencia". La gobernabilidad en México es débil, por lo que no es descabellado hablar de un estado fallido.

Es en este contexto nacional e internacional de crisis orgánica del régimen neoliberal en el cual hay que comprender la emergencia del liderazgo de AMLO.

Pero cabe preguntar: ¿Exactamente qué está liderando AMLO? Se trata de un bloque interclasista que va desde multimillonarios que son parte de la lista de Forbes de los hombres más ricos (como Ricardo Salinas Pliego, dueño de Tv Azteca), grandes líderes sindicales charros (como Napoleón Gómez Urrutia), líderes sociales como Nestora Salgado (ex-presa política, comandante de la policia comunitaria), políticos que tienen un pasado ultra-reaccionario (como Manuel Espino, miembro del anticomunista yunque), así como intelectuales ligados a la izquierda bolivariana (como Paco Ignacio Taibo II entre otros). Así como jóvenes de escuelas de élite que participaron en yosoy132 (como Antonio Attolini). El apoyo popular de AMLO es muy amplio. Va desde las llamadas clases medias hasta miembros de la clase trabajadora. Ahora todo mundo es "obradorista". Incluso el propietario de Televisa, Emilio Azcarraga, se dice ahora muy cercano de AMLO.

¿Cómo es posible que en un mismo partido y en un mismo bloque social haya uniones políticas que en otros contextos históricos serían imposibles? La respuesta parte de un concepto fundamental de Antonio Gramsci: hegemonía. AMLO ha ido construyendo su hegemonía, poco a poco, desde que decidió romper con las élites burocráticas del PRD y fundó Morena. Una vez fundado ese partido, pasó a tejer una serie de alianzas muy pragmáticas. También pasó a moderar su discurso (y gestos), de tal modo que ha logrado revertir la imagen que grupos mediáticos ultraderechistas le generaban para asociarlo con intolerancia y autoritarismo.

Pero también ha sabido identificar qué demandas populares son las que unifican, de manera transversal (interclasista) a la mayoría de mexicanos: a) erradicar la corrupción y b) generar paz en México. Con esas dos demandas, ricos y pobres, gente que tiene pensamiento de derecha, centro, o izquierda, pueden estar de acuerdo. El proyecto de nación de Morena incluye más puntos que pueden leerse como continuidades con el neoliberalismo, sobre todo en el plano de lo económico. Pero eso, frente a la crisis social (y de derechos humanos) que enfrenta México, aparece como algo invisibilizado (a la mayoría de la gente no le molesta que AMLO mantenga la "disciplina fiscal", ni el llamado "equilibrio macroeconómico", ni que en su proyecto no se planteen medidas de redistribución de la riqueza). No porque esto no sea importante, sino porque ahora mismo no tiene el mismo nivel de urgencia que si tiene resolver el saqueo y despilfarro de las finanzas públicas por parte de políticos, los asesinatos de ciudadanos, periodistas, la desaparición forzada, los feminicidos, etc.

El liderazgo de AMLO también se explica por los severos errores políticos y la arrogancia de la élite que ha gobernado México desde hace más de treinta años. Esa élite está compuesta por empresarios, políticos y tecnócratas con nombres y apellidos. Ellos han fallado en satisfacer las dos grandes demandas populares que ha enarbolado AMLO. Esta situación de enriquecimiento por medio de corrupción en el arriba social, mientras que abajo haya un clima de enorme inseguridad, violencia, represión y hartazgo, ha generado lo que Ernesto Laclau caracteriza como la formación de un "ellos-élite" y un "nosotros-pueblo" en la mentalidad de la mayoria de la gente. AMLO ha sabido leer bien esta "situación populista" y ha nombrado al "ellos-élite" en claves mexicanas: "la mafia del poder". Esto ha generado una cierta unidad ideológica en amplios sectores del país que identifican en AMLO a un gran líder.

AMLO se puede convertir en una figura-símbolo, muy parecida al peronismo que tanto teorizó Ernesto Laclau. AMLO mismo se puede convertir en un "significante vacio", un símbolo muy general, abstracto, que unifica a diferentes sectores de la población porque carece de contenido (no es ni socialista, ni capitalista, ni neoliberal). Pero se da una cadena de equivalencias de tal modo que cada sector social le da el contenido que ellos proyectan de si mismos. Una especie de espejo donde diferentes sectores sociales se ven reflejados a si mismos y a sus propias demandas y aspiraciones. Esto porque en México la figura de AMLO se empieza a asociar con cambio social y renovación.

En México ya empezamos a ver diferentes expresiones políticas del obradorismo: obradoristas de derecha (como Manuel Espino), obradoristas de izquierda (Paco Ignacio, o Gerardo Fernández Noroña). Obradoristas de élite (como el multimillonario Ricardo Salinas Pliego), así como expresiones obradoristas subalternas (habitantes de colonias populares que hacen suyo, en un plano folclórico, el símbolo de "el peje"). Pero todos ellos conviven dentro de un mismo bloque social, popular, donde lo que media entre ellos es la hegemonía de AMLO. Pero aún está por formarse de una manera más clara la ideología o visión del mundo del obradorismo. Y justo es aquí donde el papel que pueden tener sus ideólogos cercanos (como el gran filósofo Enrique Dussel o el politólogo John Ackerman) puede ser clave.

La "mafia del poder", pese a su guerra sucia ahora es impotente pues no pueden frenar el ascenso del populista AMLO. Y esto es así porque ahora mismo hay una hegemonía que se ha construido entorno a él. Él marca la agenda pública, él es el que lleva la iniciativa mientras los demás partidos políticos son sólo meras reacciones a sus propuestas.

Cuando hay crisis orgánicas de régimen se plantean diferentes vías de solución para reacomodar el régimen socio-institucional. Una de esas vías es lo que Gramsci llama "cesarismo", que consiste en un liderazgo fuerte, carismático, con gran apoyo social, que puede impulsar cambios para restablecer la gobernabilidad. Pero el "cesarismo" puede ser de progresista o reaccionario. En Estados Unidos claramente tenemos un cesarismo reaccionario (que con Trump se ha despertado y desatado el racismo), mientras que puede ser que en México tengamos un cesarismo progresista con AMLO que va a requerir de amplias movilizaciones sociales para lograr frenar el avance del neoliberalismo y reconquistar los derechos sociales perdidos.
Si es que Morena gana, se levantará la moral de gran parte del pueblo mexicano que lleva décadas soñando con un cambio. Se despertarán esperanzas dentro y fuera de México. Adentro porque el pueblo mexicano gozará la derrota de la mafia (quitarle la millonaria pensión a los ex-presidentes mexicanos será motivo de fiesta nacional). Fuera de México se verá a AMLO como parte de un nuevo ciclo progresista internacional, lo cual es una contratendencia al avance de la derecha a nivel continental.

Me parece bien que Morena gane. Pero no hay que perder de vista que después vendrán los equilibrios de poder imposibles típicos del capitalismo neoliberal. No olvidemos que en el capitalismo hay clases sociales con intereses materiales contrapuestos. Los grandes empresarios que hoy apoyan a AMLO demandarán más reformas neoliberales y más concesiones para sus negocios. Los trabajadores, si es que se organizan, demandarán mejores salarios y mejores condiciones laborales. Habrá movimientos sociales que exigirán echar atrás las reformas neoliberales (como los maestros de la CNTE que buscarán revertir la mal llamada reforma educativa). Las llamadas clases medias exigirán más oportunidades de ascenso social, etc. Habrá un punto en el cual AMLO no podrá satisfacer a todos y tendrá que tomar partido.

El punto es que si decepciona a la mayoría de la población, pasará lo que describió Wilheim Reich para el caso de la socialdemocracia de la república de Weimar: el desengaño llevará a la psicología de masas de los trabajadores hacia la derecha, no hacia la izquierda, porque la gente pensará que ahora "la izquierda" será quien gobierna. Mientras tanto, hoy como en aquel momento, se carece de un proyecto político radical que pueda ser opción a la tibieza de Morena.

Si AMLO gana la presidencia se abrirá una oportunidad para que Morena inicie la construcción de un nuevo bloque histórico. Gramsci entiende por bloque histórico una unidad orgánica entre economía, cultura y política. Y para eso se va a requerir saber construir y mantener la hegemonía atendiendo demandas sociales y buscando generar cambios en la subjetividad de los ciudadanos. También se va a tener que ir reorganizando la economía para dejar atrás los lastres de un neoliberalismo cada vez más caduco.

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domingo, 15 de abril de 2018

Marx y Aristóteles

Atilio Borón, como buen marxista que es, se dió a la tarea de leer a fondo a uno de los más grandes pensadores de la humanidad: Aristóteles. Sobre todo leyó sus escritos políticos-morales. Borón, uno de los mejores politólogos y filósofos políticos de América Latina escribió un texto muy sugerente donde se imagina una ficción: que Aristóteles reviviera y regresara a este mundo. Si esto pasara y hablara con los actuales politólogos y filósofos políticos, ¿Qué diría? El texto se puede ver aquí



Es un texto muy interesante que me motivó a escribir algunas ideas que me hacen pensar en la gran influencia que tuvo Aristóteles sobre Marx. Muchas de las ideas claves de Marx no vienen de Hegel, sino del "gran maestro" de la antiguedad (como lo llamaban los sabios árabes como Averroes). Algunos ejemplos de estas ideas de Marx, influídas por Aristóteles son los siguientes:



a) la distinción valor de uso-valor. De hecho Marx dijo en el Capital que Aristóteles no pudo entender por completo esa contradicción porque en su época las formas mercantiles no se habían desarrollado lo suficiente para rebelar su esencia, pero Aristóteles se acercó a ello,



b) la distinción esencia-apariencia. Aunque esta distinción ya estaba planteada por Platón (la alegoría de la caverna de la República) es Aristóteles quien planteó un método materialista riguroso de ir de las apariencias hacia la esencia. Es decir, partir de lo que existe, lo real, lo que se ve, para luego ir a las esencias (lo necesario, lo inmutable, lo eterno, lo que hace que las cosas sean lo que son). Es ahí donde entra la inducción: ir de los particulares a los principios universales usando la abstracción (seleccionando los elementos que se consideran esenciales, primarios, permanentes y comunes, para separarlos de los superfluos, los secundarios, los contigentes). Una vez formulado los principios universales, se requiere ir de regreso, hacia los particulares, por medio de silogismos, por medio de la deducción, para poder explicar las cosas que vemos. En Aristóteles, como en Marx, esencia y apariencia son una unidad. Aristóteles y Marx no serían empiristas porque no se quedan sólo en las apariencias (los "sense data" de Locke), ni idealistas que desdeñan las apariencias para sólo hablar de esencias (como Platón, que creía que lo que víamos eran sólo puros engaños, distorsiones, meras copias de formas perfectas que habitan en un reino de las ideas). Por eso tanto Aristóteles como Marx, cada uno en su época, se interesaron por recopilar información detallada, empírica, histórica, sobre sus objetos de estudio para luego elaborar categorías, hipótesis y teorías para llegar a principios generales y luego de ahí explicar los casos concretos que hay;



c) el mundo está compuesto por totalidades orgánicas en movimiento. Aristóteles fue el pensador de la antiguedad que más elaboró la idea de que el todo es más que la suma de las partes, de que el método correcto de entender algo es estudiar sus componentes (sus partes), mostrar cómo se relacionan entre si y luego pasar a estudiarlos en su unidad. Aristóteles también desarrolló, mucho antes que Hegel, la idea de que el ser está en un perpetuo devenir. Sólo que en vez de hablar de la "negación de la negación", Aristóteles habla una distinción crucial: potencia y acto. Lo que es tiene un devenir, un desarrollo. El ser es también lo que puede ser. Por ejemplo, una semilla, además de ser semilla, es un árbol en potencia. Hegel diría que la semilla es "negada", "refutada" por el árbol (de ahí que Hegel sea idealista que atribuye una racionalidad a todo lo que existe, mientras Aristóteles era un materialista, que más bien habla de múltiples causas como causas eficiente, material, formal y teleológica).



d) La idea de criticar la usura, el interés propio y el individualismo ya estaba en Aristóteles. Sólo que él lo formula en términos de criticar la crematistica para defender la idea de "eudemonia" ("la buena vida", la "felicidad") de los ciudadanos que consiste en un florecimiento de cada uno de ellos. Marx habla de esto en los Grundrisse cuando dice que una vez que se termine con el capitalismo se pasará de la prehistoria a la verdadera historia de la humanidad donde el ser humano será libre. Esta idea es profundamente aristotélica;



e) La idea de que en la sociedad hay clases sociales que se enfrentan entre sí ya está en Aristóteles. La idea de que hay un gran conflicto entre ricos y pobres ya está planteada en La política. El gobierno de los ricos es llamado "oligarquía" (cuando la "aristocracia" se ha corrompido y gobierna despóticamente), mientras que el gobierno de los pobres, que son la mayoría, se llama "democracia" (se deforma en caos, en "anarquía" cuando los ciudadanos no tienen suficiente nivel cultural y se dejan manipular por demagogos).


Me parece que es interesante plantear un continuum de ideas así: Aristóteles-Hegel-Marx aunque también hay grandes discontinuidades. Aristóteles era proclive a pensar en el justo medio, pensando que las clases medias deberían gobernar, no los ricos ni los pobres, Hegel era el filósofo idealista y romántico de la burguesia y Marx era el gran teórico de los nuevos pobres generados ya en el capitalismo: la clase trabajadora o proletariado.