domingo, 10 de junio de 2018

La construcción de hegemonía de López Obrador

Por Josafat Hernández

El próximo 1 de julio serán las elecciones presidenciales en México. Todo parece indicar que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) va a obtener la victoria. El candidato de la coalición "juntos haremos historia" (Morena-Partido Encuentro Social y Partido del Trabajo) tiene más del 50% de intención de votos según diferentes encuestas. Tiene una cómoda ventaja de casi 20 veinte puntos sobre su seguidor más cercano, Ricardo Anaya, de la alianza PAN-PRD. En un tercer lugar está José Antonio Meade del PRI, quien apenas tiene 20% de la intención por el voto aproximadamente. Jaime Rodríguez Calderón (el "Bronco"), candidato independiente, tiene cerca de 3% en las encuestas. En lo que va de las campañas AMLO ha ido subiendo en las encuestas. Esta vez no ha cometido errores de discurso, se ha mostrado muy pacífico y la llamada "guerra sucia" contra él, una campaña mediática contra él que busca ligarlo a Hugo Chávez, al populismo y la revolución bolivariana simplemente no ha generado ningún efecto entre los votantes.

Si AMLO gana la presidencia sería algo histórico. No sólo porque sería el primer presidente identificado con la izquierda en llegar a la presidencia de México desde los tiempos de Lázaro Cárdenas, que gobernó de 1934 a 1940. Sino porque mostraría que esta vez la voluntad popular mayoritaria se va a imponer en un país que tiene débiles instituciones democráticas.

Ahora las élites tienen muy difícil el contexto para imponer un fraude, porque ahora, el escenario es muy distinto a 2006. En ese entonces se dio una escasa diferencia en las encuestas entre AMLO y Felipe Calderón, una guerra sucia que surtía efectos, una élite unificada en contra de él y un poder mediático muy fuerte de las televisoras que tenían el monopolio de la palabra para influir en la formación de la opinión pública. Ahora ninguno de esas condiciones se da. La diferencias entre AMLO y sus adversarios es muy grande en las encuestas. La guerra sucia mediática ya no surte efecto porque a los mexicanos ya no nos espanta estar como Venezuela (México en muchas cosas está igual o peor que Venezuela), las élites no están unidas contra AMLO y el monopolio de la palabra ya no la tienen las televisoras. Las redes sociales hoy son más importantes, sobre todo entre los jóvenes, para formar su opinión pública.

Pero hay más. La posible victoria del tercer intento de AMLO se da en un contexto de agotamiento de las instituciones y los discursos neoliberales. En el tema institucional hay un gran desgaste porque estas son incapaces de evitar la corrupción, la inseguridad y la violación de los derechos humanos. Con el regreso del PRI al gobierno federal, desde 2012 a la fecha, la corrupción se desató a niveles escandalosos. Algunos ejemplos son la "estafa maestra", Odebrecht, la "casa blanca", el saqueo del ex-gobernador Javier Duarte del Estado de Veracruz, entre otros temas.

La inseguridad no disminuyó. Al contrario, se incrementó, a tal punto que este sexenio fue uno de los más violentos en la historia reciente del país (cerca de 90 mil asesinados, el secuestro y la extorsión también han aumentado). La violencia se desató por todo el país. De las 10 primeras ciudades más peligrosas del mundo, 5 son mexicanas (Los cabos, Acapulco, Tijuana, La Paz y Ciudad Victoria). Sobre la violación de los derechos humanos tenemos casos como la desaparición forzada como los 43 de Ayotzinapa, el asesinato de periodistas (como los de la colonia Narvarte de la Ciudad de México) y los feminicidios (de 2007 a 2016 han muerto 22 mil 482 mujeres, según cifras del INEGI).

Hay un gran malestar social que se ha alimentado además por la falta de crecimiento económico, la persistencia de la pobreza y por los crecientes "gasolinazos" que han ido encareciendo los precios de los bienes de la canasta básica. En ese contexto la campaña sucia contra AMLO ya no funciona, pues la gente ya no se impresiona por lo que ocurre en Venezuela. En algunos aspectos como la violencia y la inseguridad México está igual o peor que ese país. En narcotráfico y feminicidios claramente estamos peor. La narrativa neoliberal antipopulista ya no se reproduce tan fácilmente porque la gente identifica en los gobiernos neoliberales de México lo mismo que se critica al gobierno de Venezuela: autoritarismo, militarización, violación de los derechos humanos, corrupción, encarcelamiento de dirigentes sociales, censura, políticas económicas ineficaces y violencia. Incluso en México hemos tenido saqueos. En 2017 se organizaron saqueos a supermercados en diferentes partes del país.

Poco a poco se ha ido dando un proceso de agotamiento del régimen socio-institucional neoliberal en México. El hartazgo ahora es generalizado. Aunque en algunos lugares se expresa de manera más cruda que en otros. Tales son los casos de la formación de grupos de autodefensa y policia comunitaria que hacen lo que el gobierno no puede: protegerlos de la depredación del crimen organizado.



Y por si fuera poco, el contexto económico internacional es adverso a las élites neoliberales. En particular la victoria de Donald Trump ha puesto de manifiesto el carácter caduco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Ese presidente ha humillado a los mexicanos y ahora amenaza con construir un muro que tiene una importancia simbólica para su gobierno, más que ser una via eficaz para evitar los flujos migratorios. El "libre mercado" ya no tiene el prestigio que tuvo en la década de los noventa, y ahora vemos más prácticas proteccionistas en diversas partes del mundo.

En este contexto México enfrenta un creciente desgaste que puede convertirse en lo que Antonio Gramsci llama "crisis orgánica del régimen", pues el hartazgo de la gente puede minar la "dominación por consentimiento" que hace posible la estabilidad del gobierno. Pero el tema es muy delicado, porque incluso en varios lugares del país el gobierno ha perdido lo que Max Weber llama "el monopolio del uso legítimo de la violencia". La gobernabilidad en México es débil, por lo que no es descabellado hablar de un estado fallido.

Es en este contexto nacional e internacional de crisis orgánica del régimen neoliberal en el cual hay que comprender la emergencia del liderazgo de AMLO.

Pero cabe preguntar: ¿Exactamente qué está liderando AMLO? Se trata de un bloque interclasista que va desde multimillonarios que son parte de la lista de Forbes de los hombres más ricos (como Ricardo Salinas Pliego, dueño de Tv Azteca), grandes líderes sindicales charros (como Napoleón Gómez Urrutia), líderes sociales como Nestora Salgado (ex-presa política, comandante de la policia comunitaria), políticos que tienen un pasado ultra-reaccionario (como Manuel Espino, miembro del anticomunista yunque), así como intelectuales ligados a la izquierda bolivariana (como Paco Ignacio Taibo II entre otros). Así como jóvenes de escuelas de élite que participaron en yosoy132 (como Antonio Attolini). El apoyo popular de AMLO es muy amplio. Va desde las llamadas clases medias hasta miembros de la clase trabajadora. Ahora todo mundo es "obradorista". Incluso el propietario de Televisa, Emilio Azcarraga, se dice ahora muy cercano de AMLO.

¿Cómo es posible que en un mismo partido y en un mismo bloque social haya uniones políticas que en otros contextos históricos serían imposibles? La respuesta parte de un concepto fundamental de Antonio Gramsci: hegemonía. AMLO ha ido construyendo su hegemonía, poco a poco, desde que decidió romper con las élites burocráticas del PRD y fundó Morena. Una vez fundado ese partido, pasó a tejer una serie de alianzas muy pragmáticas. También pasó a moderar su discurso (y gestos), de tal modo que ha logrado revertir la imagen que grupos mediáticos ultraderechistas le generaban para asociarlo con intolerancia y autoritarismo.

Pero también ha sabido identificar qué demandas populares son las que unifican, de manera transversal (interclasista) a la mayoría de mexicanos: a) erradicar la corrupción y b) generar paz en México. Con esas dos demandas, ricos y pobres, gente que tiene pensamiento de derecha, centro, o izquierda, pueden estar de acuerdo. El proyecto de nación de Morena incluye más puntos que pueden leerse como continuidades con el neoliberalismo, sobre todo en el plano de lo económico. Pero eso, frente a la crisis social (y de derechos humanos) que enfrenta México, aparece como algo invisibilizado (a la mayoría de la gente no le molesta que AMLO mantenga la "disciplina fiscal", ni el llamado "equilibrio macroeconómico", ni que en su proyecto no se planteen medidas de redistribución de la riqueza). No porque esto no sea importante, sino porque ahora mismo no tiene el mismo nivel de urgencia que si tiene resolver el saqueo y despilfarro de las finanzas públicas por parte de políticos, los asesinatos de ciudadanos, periodistas, la desaparición forzada, los feminicidos, etc.

El liderazgo de AMLO también se explica por los severos errores políticos y la arrogancia de la élite que ha gobernado México desde hace más de treinta años. Esa élite está compuesta por empresarios, políticos y tecnócratas con nombres y apellidos. Ellos han fallado en satisfacer las dos grandes demandas populares que ha enarbolado AMLO. Esta situación de enriquecimiento por medio de corrupción en el arriba social, mientras que abajo haya un clima de enorme inseguridad, violencia, represión y hartazgo, ha generado lo que Ernesto Laclau caracteriza como la formación de un "ellos-élite" y un "nosotros-pueblo" en la mentalidad de la mayoria de la gente. AMLO ha sabido leer bien esta "situación populista" y ha nombrado al "ellos-élite" en claves mexicanas: "la mafia del poder". Esto ha generado una cierta unidad ideológica en amplios sectores del país que identifican en AMLO a un gran líder.

AMLO se puede convertir en una figura-símbolo, muy parecida al peronismo que tanto teorizó Ernesto Laclau. AMLO mismo se puede convertir en un "significante vacio", un símbolo muy general, abstracto, que unifica a diferentes sectores de la población porque carece de contenido (no es ni socialista, ni capitalista, ni neoliberal). Pero se da una cadena de equivalencias de tal modo que cada sector social le da el contenido que ellos proyectan de si mismos. Una especie de espejo donde diferentes sectores sociales se ven reflejados a si mismos y a sus propias demandas y aspiraciones. Esto porque en México la figura de AMLO se empieza a asociar con cambio social y renovación.

En México ya empezamos a ver diferentes expresiones políticas del obradorismo: obradoristas de derecha (como Manuel Espino), obradoristas de izquierda (Paco Ignacio, o Gerardo Fernández Noroña). Obradoristas de élite (como el multimillonario Ricardo Salinas Pliego), así como expresiones obradoristas subalternas (habitantes de colonias populares que hacen suyo, en un plano folclórico, el símbolo de "el peje"). Pero todos ellos conviven dentro de un mismo bloque social, popular, donde lo que media entre ellos es la hegemonía de AMLO. Pero aún está por formarse de una manera más clara la ideología o visión del mundo del obradorismo. Y justo es aquí donde el papel que pueden tener sus ideólogos cercanos (como el gran filósofo Enrique Dussel o el politólogo John Ackerman) puede ser clave.

La "mafia del poder", pese a su guerra sucia ahora es impotente pues no pueden frenar el ascenso del populista AMLO. Y esto es así porque ahora mismo hay una hegemonía que se ha construido entorno a él. Él marca la agenda pública, él es el que lleva la iniciativa mientras los demás partidos políticos son sólo meras reacciones a sus propuestas.

Cuando hay crisis orgánicas de régimen se plantean diferentes vías de solución para reacomodar el régimen socio-institucional. Una de esas vías es lo que Gramsci llama "cesarismo", que consiste en un liderazgo fuerte, carismático, con gran apoyo social, que puede impulsar cambios para restablecer la gobernabilidad. Pero el "cesarismo" puede ser de progresista o reaccionario. En Estados Unidos claramente tenemos un cesarismo reaccionario (que con Trump se ha despertado y desatado el racismo), mientras que puede ser que en México tengamos un cesarismo progresista con AMLO que va a requerir de amplias movilizaciones sociales para lograr frenar el avance del neoliberalismo y reconquistar los derechos sociales perdidos.
Si es que Morena gana, se levantará la moral de gran parte del pueblo mexicano que lleva décadas soñando con un cambio. Se despertarán esperanzas dentro y fuera de México. Adentro porque el pueblo mexicano gozará la derrota de la mafia (quitarle la millonaria pensión a los ex-presidentes mexicanos será motivo de fiesta nacional). Fuera de México se verá a AMLO como parte de un nuevo ciclo progresista internacional, lo cual es una contratendencia al avance de la derecha a nivel continental.

Me parece bien que Morena gane. Pero no hay que perder de vista que después vendrán los equilibrios de poder imposibles típicos del capitalismo neoliberal. No olvidemos que en el capitalismo hay clases sociales con intereses materiales contrapuestos. Los grandes empresarios que hoy apoyan a AMLO demandarán más reformas neoliberales y más concesiones para sus negocios. Los trabajadores, si es que se organizan, demandarán mejores salarios y mejores condiciones laborales. Habrá movimientos sociales que exigirán echar atrás las reformas neoliberales (como los maestros de la CNTE que buscarán revertir la mal llamada reforma educativa). Las llamadas clases medias exigirán más oportunidades de ascenso social, etc. Habrá un punto en el cual AMLO no podrá satisfacer a todos y tendrá que tomar partido.

El punto es que si decepciona a la mayoría de la población, pasará lo que describió Wilheim Reich para el caso de la socialdemocracia de la república de Weimar: el desengaño llevará a la psicología de masas de los trabajadores hacia la derecha, no hacia la izquierda, porque la gente pensará que ahora "la izquierda" será quien gobierna. Mientras tanto, hoy como en aquel momento, se carece de un proyecto político radical que pueda ser opción a la tibieza de Morena.

Si AMLO gana la presidencia se abrirá una oportunidad para que Morena inicie la construcción de un nuevo bloque histórico. Gramsci entiende por bloque histórico una unidad orgánica entre economía, cultura y política. Y para eso se va a requerir saber construir y mantener la hegemonía atendiendo demandas sociales y buscando generar cambios en la subjetividad de los ciudadanos. También se va a tener que ir reorganizando la economía para dejar atrás los lastres de un neoliberalismo cada vez más caduco.

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domingo, 15 de abril de 2018

Marx y Aristóteles

Atilio Borón, como buen marxista que es, se dió a la tarea de leer a fondo a uno de los más grandes pensadores de la humanidad: Aristóteles. Sobre todo leyó sus escritos políticos-morales. Borón, uno de los mejores politólogos y filósofos políticos de América Latina escribió un texto muy sugerente donde se imagina una ficción: que Aristóteles reviviera y regresara a este mundo. Si esto pasara y hablara con los actuales politólogos y filósofos políticos, ¿Qué diría? El texto se puede ver aquí



Es un texto muy interesante que me motivó a escribir algunas ideas que me hacen pensar en la gran influencia que tuvo Aristóteles sobre Marx. Muchas de las ideas claves de Marx no vienen de Hegel, sino del "gran maestro" de la antiguedad (como lo llamaban los sabios árabes como Averroes). Algunos ejemplos de estas ideas de Marx, influídas por Aristóteles son los siguientes:



a) la distinción valor de uso-valor. De hecho Marx dijo en el Capital que Aristóteles no pudo entender por completo esa contradicción porque en su época las formas mercantiles no se habían desarrollado lo suficiente para rebelar su esencia, pero Aristóteles se acercó a ello,



b) la distinción esencia-apariencia. Aunque esta distinción ya estaba planteada por Platón (la alegoría de la caverna de la República) es Aristóteles quien planteó un método materialista riguroso de ir de las apariencias hacia la esencia. Es decir, partir de lo que existe, lo real, lo que se ve, para luego ir a las esencias (lo necesario, lo inmutable, lo eterno, lo que hace que las cosas sean lo que son). Es ahí donde entra la inducción: ir de los particulares a los principios universales usando la abstracción (seleccionando los elementos que se consideran esenciales, primarios, permanentes y comunes, para separarlos de los superfluos, los secundarios, los contigentes). Una vez formulado los principios universales, se requiere ir de regreso, hacia los particulares, por medio de silogismos, por medio de la deducción, para poder explicar las cosas que vemos. En Aristóteles, como en Marx, esencia y apariencia son una unidad. Aristóteles y Marx no serían empiristas porque no se quedan sólo en las apariencias (los "sense data" de Locke), ni idealistas que desdeñan las apariencias para sólo hablar de esencias (como Platón, que creía que lo que víamos eran sólo puros engaños, distorsiones, meras copias de formas perfectas que habitan en un reino de las ideas). Por eso tanto Aristóteles como Marx, cada uno en su época, se interesaron por recopilar información detallada, empírica, histórica, sobre sus objetos de estudio para luego elaborar categorías, hipótesis y teorías para llegar a principios generales y luego de ahí explicar los casos concretos que hay;



c) el mundo está compuesto por totalidades orgánicas en movimiento. Aristóteles fue el pensador de la antiguedad que más elaboró la idea de que el todo es más que la suma de las partes, de que el método correcto de entender algo es estudiar sus componentes (sus partes), mostrar cómo se relacionan entre si y luego pasar a estudiarlos en su unidad. Aristóteles también desarrolló, mucho antes que Hegel, la idea de que el ser está en un perpetuo devenir. Sólo que en vez de hablar de la "negación de la negación", Aristóteles habla una distinción crucial: potencia y acto. Lo que es tiene un devenir, un desarrollo. El ser es también lo que puede ser. Por ejemplo, una semilla, además de ser semilla, es un árbol en potencia. Hegel diría que la semilla es "negada", "refutada" por el árbol (de ahí que Hegel sea idealista que atribuye una racionalidad a todo lo que existe, mientras Aristóteles era un materialista, que más bien habla de múltiples causas como causas eficiente, material, formal y teleológica).



d) La idea de criticar la usura, el interés propio y el individualismo ya estaba en Aristóteles. Sólo que él lo formula en términos de criticar la crematistica para defender la idea de "eudemonia" ("la buena vida", la "felicidad") de los ciudadanos que consiste en un florecimiento de cada uno de ellos. Marx habla de esto en los Grundrisse cuando dice que una vez que se termine con el capitalismo se pasará de la prehistoria a la verdadera historia de la humanidad donde el ser humano será libre. Esta idea es profundamente aristotélica;



e) La idea de que en la sociedad hay clases sociales que se enfrentan entre sí ya está en Aristóteles. La idea de que hay un gran conflicto entre ricos y pobres ya está planteada en La política. El gobierno de los ricos es llamado "oligarquía" (cuando la "aristocracia" se ha corrompido y gobierna despóticamente), mientras que el gobierno de los pobres, que son la mayoría, se llama "democracia" (se deforma en caos, en "anarquía" cuando los ciudadanos no tienen suficiente nivel cultural y se dejan manipular por demagogos).


Me parece que es interesante plantear un continuum de ideas así: Aristóteles-Hegel-Marx aunque también hay grandes discontinuidades. Aristóteles era proclive a pensar en el justo medio, pensando que las clases medias deberían gobernar, no los ricos ni los pobres, Hegel era el filósofo idealista y romántico de la burguesia y Marx era el gran teórico de los nuevos pobres generados ya en el capitalismo: la clase trabajadora o proletariado.




lunes, 9 de octubre de 2017

Richard Thaler: Premio Nobel de Economía de 2017 y fundador de la economia del comportamiento

Josafat Hernández
(Doctorante en filosofía de la ciencia y economista egresado de la UNAM)


El día de hoy el comité del Premio Nobel de economía dio una conferencia de prensa para anunciar que el premio de este año se dará al economista Richard Thaler. En la entrevista telefónica le preguntaron "¿Cuál crees que sea tu principal aportación?" Y sin dudar dijo "volver a la economía una ciencia más humana". 

¿Pero qué significa esto? ¿Volver a la economía una ciencia más humana? Para entender esto es importante el conocer el contexto histórico. Thaler durante décadas se ha dedicado a criticar a la economía dominante, mainstream, que históricamente ha estado ligada a la economía neoclásica. En esa visión particular de la economía, los agentes racionales no son representaciones de entes humanos. Son seres ficticios, perfectamente racionales y maximizadores de utilidad. Son seres sin emociones, fríos y calculadores, motivados sólo por el interés propio (egoístas) que sólo responden a incentivos. Esto es, motivados por premios y castigos, beneficios y costos, que el agente supuestamente pondera para tomar sus decisiones. Se trata de "Econs", como los llama Thaler. Seres ficticios que habitan los mundos idealizados de los modelos económicos.

Thaler con su trabajo muestra que los economistas se han equivocado al dejar fuera de sus análisis otros factores "no económicos" en sus modelos de toma de decisiones. Thaler inicialmente realizó una lista de ejemplos que usaba para molestar a los economistas, que van desde asuntos relacionados al consumismo, como a la falta de consistencia entre lo que elige y lo que se prefiere. Ejemplos de juguete que después de leer la "Estructura de las revoluciones científicas" de Thomas Kuhn decidió convertirlos en anomalias. Anomalias que fue documentando y estudiando experimentalmente. Su idea era que tal vez podría impulsar una revolución científica, un cambio paradigmático en la economía. Esto podría hacerse si esas anomalías fuesen relevantes, numerosas, y que él tuviera un modelo alternativo para poder explicarlas. Durante varios años tuvo una columna en el Journal of Economic Perspectives llamada así "Anomalías". Y hoy, después de décadas de trabajo arduo y algunas tensiones académicas (sobre todo con la escuela de Chicago), se le ha dado la máxima distinción a la que todo economista aspira: el Premio Nobel.  


                                                



Fundador de la economia del comportamiento
Richard Thaler retomó la obra de los psicólogos israelís Amos Tverky y Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía de 2002). Particularmente retomó los aportes relacionados a heuristicas y sesgos, y el modelo de utilidad prospectiva. Ambos aportes le sirvieron para explicar algunas anomalias que el modelo neoclásico de utilidad esperada tiene problemas para explicar: el efecto dotación (endowment effect), falta de autocontrol, sentido de justicia (fairness) y encuadre (framing). 

Más tarde, esos efectos se fueron sintetizando en la teoria del sistema dual de la mente (lo que Daniel Kahneman llama "sistema 1 y 2" de la mente en su libro Thinking fast and slow). Estos elementos psicológicos llevaron a un cambio de unidad de análisis: del homo economicus al homo sapiens

Para Thaler es muy importante tomar en cuenta elementos psicológicos, cognitivos, en economia para poder entender temas relacionados al "nerviosismo de los mercados", la "confianza" o falta de ella en las instituciones, el sobreoptimismo o falta de él en los inversionistas, reacciones viscerales de trabajadores y empresarios ante decisiones del gobierno, etc. Y por ello se requiere de una visión más amplia, que tome en serio elementos de la psicología cognitiva y de sociología. Thaler ha señalado que las normas sociales son fundamentales para entender comportamientos en los agentes. No es suficiente con apelar sólo a la noción de incentivos de la psicología conductista de Skinner que todo lo reducen a premios y castigos.

Economía moral y justicia
Thaler se interesó en la noción de justicia como un factor fundamental de la toma de decisiones de los agentes. Valores ético-morales no pueden ni deben ser ajenos a la economía. 

En esto se parece a otro Premio Nobel, Amartya Sen, quien realizó una famosa crítica a los tontos (o imbéciles) racionales: la idea de que los agentes deciden "decir la verdad", o ser "educados" sólo porque hay premios o castigos de por medio. Para Sen, al igual que Thaler, hay normas morales, que provienen de normas sociales que motivan a los agentes a realizar unas acciones en vez de otras. Los dos autores llegaron a una conclusión muy parecida, a partir de caminos muy diferentes: volver a una visión clásica. Como Adam Smith, tanto Sen como Thaler ven a la economía como una ciencia ligada a temas morales y psicológicos.

Polémica contra la escuela de Chicago
Thaler tuvo un duro debate con la escuela de Chicago. Con respecto a las finanzas conductuales, Thaler se enfocó en criticar la hipótesis de los mercados eficientes de la economía neoclásica. Esa hipótesis establece que los mercados financieros "se autorregulan", porque todos los agentes son racionales. Y si alguien quiere estafar al otro, el otro se dará cuenta y evitará la estafa. La implicación de esto es pensar que los precios de las acciones son "justos", pues si estuvieran mal, el mercado los corregiría. Thaler al asumir una visión más humana de la economía, rechaza tal visión. Considera que hay banqueros y empresas que se pueden aprovechar de los sesgos cognitivos de los agentes. Y con ello estafarlos. 

George Akerloff y Robert Shiller, Premios Nobel de economía, aliados de Thaler, desarrollaron numerosos trabajos entorno a estos puntos. Su punto fue mostrar que los mercados financieros son frágiles, inestables y requieren de regulación. Esto choca con la escuela de Chicago, herederos de Milton Friedman, para quienes los economistas del comportamiento son herejes, rojos, comunistas.  









Arquitecturas de las decisiones y empujones
Richard Thaler no sólo se interesó por realizar una critica teórica a la economía. Se interesó por llevar sus ideas a la práctica. Y esto se expresó en un proyecto que desarrolló con un famoso abogado constitucionaista, Cass Sunstein. Ellos dos elaboraron una propuesta para el diseño de políticas públicas: el paternalismo libertario. A diferencia de la escuela de Chicago, Thaler y Sunstein consideran que el gobierno no puede abandonar a su suerte a los ciudadanos. No serían "libertarios" en un sentido cercano de Milton Friedman y Nozik, porque Thaler y Sunstein creen que el gobierno debe proteger a sus ciudadanos. Y esto es así porque hay depredación en el mercado de unos agentes por otros. Las grandes multinacionales se aprovechan de los sesgos cognitivos de los agentes para hacerlos comprar mercancías que no necesitan, o peor aún, que van contra su propia salud. 

Además hay muchas personas que toman decisiones sin pensar, que van contra ellos mismos, como es fumar, endeudarse, no ahorrar para el futuro, contaminar o comer comida insana. Para ello Thaler y Sunstein elaboraron una propuesta de "arquitecturas de las decisiones y empujones" que busca influir en la toma de decisiones de los agentes. Los ejemplos van desde poner una mosca en un inodoro para evitar que los hombres ensucien los baños, poner en las cafeterías comida insana en los refrigeradores y la sana a la vista, hasta opciones por defáult como son enrolar a ciudadanos a sistemas de pensiones o programas de donación de órganos pero dejarles abierta la posibilidad de salirse si es que eso desean. También han impulsado regulaciones en los mercados financieros. Por eso la escuela de Chicago los ha criticado, porque son "paternalistas", porque son "intrusivos", porque no "respetan la libertad de elegir". 

Comentarios finales
Pueden hacerse muchas críticas a la economía del comportamiento, sobre todo a su individualismo metodológico implícito. Pero eso no significa que hay que tirar el agua sucia con todo y niño. Me parece que el comité Nobel de economía ha tomado una excelente decisión al reconocer los aportes de Richard Thaler. Esto es muy benéfico para impulsar un nuevo pensamiento económico. Uno que a diferencia de la economía neoclásica, no mistifique al ser humano. Que no lo reduzca a meros incentivos, como si el ser humano solo actuara basado en su interés propio, como si solo se basara en ponderar premios y castigos para tomar sus decisiones. 

Con esto la economía avanza hacia una visión más humana del agente racional. Los economistas ya no sólo deben hablar de incentivos. Requieren una visión más amplia y plural, más humana, para poder entender y transformar su realidad.

Muchas felicidades a Richard Thaler y a todos los economistas, filósofos y psicólogos que seguimos su trabajo. Esto es un gran logro para nuestra comunidad epistémica. ¡En hora buena!


Bibliografía relevante
Kahneman Daniel (2011), Thinking fast and slow, ED. Farrar straus y giroux, Nueva York, United States
Thaler Richard (2015), Misbehaving: The making of behavioral economics, ED. Norton & company, Nueva York, United States

Thaler Richard y Sunstein Cass (2009) Nudge: Improving decisions about health, wealth and happiness, ED. Penguin Books, Nueva York, United States

sábado, 7 de octubre de 2017

Marichuy y su registro como candidata independiente a elecciones de 2018

El registro de la candidatura independiente de Marichuy como parte del CNI es un avance, tanto para el propio neozapatismo, como para la incipiente democracia mexicana. Es un avance para el neozapatismo porque este ha ido de más a menos en los últimos años. La candidatura de Marichuy puede ayudarles a revertir esa tendencia. Esto les permitirá posicionar una agenda en el debate nacional, principalmente relacionado al tema indígena que hoy no aparece en los discursos de los políticos. También temas relacionados a los feminicidios, la violación de derechos humanos, depredación ambiental, pobreza y desigualdad. Y justo por esto es que veo que la candidatura independiente de Marichuy es algo bueno para la democracia: puede ayudar a elevar el nivel del debate público nacional.

Hasta ahora AMLO venia poniendo énfasis en la corrupción. En un segundo plano de su discurso entraba el tema de las políticas neoliberales, en particular la reforma energética por el tema del gasolinazo. Con el CNI en la arena pública nacional, el debate puede que se cargue un poco más hacia la izquierda, donde se obligará a los políticos a posicionarse sobre temas fundamentales. Habrá que ver cómo se van desarrollando los hechos.

Me parece lamentable que algunos morenistas piensen que la candidatura independiente del CNI-EZLN es una estrategia del PRI para supuestamente dividir el voto de izquierda. Como si el objetivo de esta candidatura independiente fuera debilitar a AMLO. Eso es un error grave basado en prejuicios y no en análisis políticos serios. Esto es así porque:

1) Marichuy va a atraer el voto de la izquierda radical abstencionista. Esos no votarían por AMLO en ningún caso.

2) Si Marichuy gana votos que en principio irían a Morena, será por errores discursivos y de estrategia de AMLO. El peje debe tener mucho cuidado en su interacción con Marichuy. Si comete errores discursivos machistas o racistas en su interacción con ella, esto va a generar un debate inútil y muy desgastante entre toda la izquierda mexicana. También AMLO tiene que dejar claro qué postura tiene ante temas fundamentales que constituyen una agenda social: feminicidios, depredación de recursos naturales, pobreza y desigualdad, etc.

3) El discurso de Marichuy hará ver a AMLO como un político moderado y tibio. Esto supondrá un reto para la derecha mexicana, pues ya no será tan fácil hacer parecer a AMLO como el "radical populista peligroso para México". Esto puede beneficiar la imagen que hay sobre AMLO entre los votantes no-radicales (la inmensa mayoría de los mexicanos). Para la gente la ultraizquierda no la representaría AMLO, sino Marichuy.

4) En México hay un enorme nivel de abstencionismo, cerca del 40% de los electores nunca vota. A esos tienen que convencer Morena y los suyos, no temer a Marichuy porque les quitará votos y, finalmente

5) La principal preocupación de AMLO y Morena debe ser el tema del fraude. Ellos ya han ganado elecciones (presidenciales en 2006, recientemente en el Estado de México), pero el PRI les aplica el fraude de manera sistemática. Ante eso deberían diseñar estrategias políticas fuertes, basadas en la movilización social que impidan el fraude. Ese es el tema central, no preocuparse porque el CNI les quitará votos.

La imagen de Marichuy es simbólicamente muy potente, una mujer indígena presentándose a las elecciones presidenciales. Es la primera vez que esto pasa en la historia de México, un país con herencias y lastres coloniales y machistas. Ella es la candidata con mayor autoridad moral para hablar de temas sociales, pues viene de abajo. Ella viene del México profundo, del México que ha resistido siglos de colonialismo-racista. Es posible que ella despierte la consciencia dormida de los mexicanos, para impulsar la autoorganización social, civil, independiente de partidos políticos, que tanto necesitamos.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Ni con Rajoy ni con Puigdemont: Cataluña y la democratización de España

Me parece que apoyar en estos momentos a la independencia de Cataluña es apoyar al proyecto hegemónico de las élites internas de esa región. Dentro de esas élites hay gente como Jordi Pujol involucrados en escándalos de corrupción. Esas élites han pactado históricamente con las élites de Madrid para seguir explotando a la clase trabajadora. Han aplicado los recortes y ajustes neoliberales durante la crisis-estafa iniciada en 2007. Y lo que ahora me parece más contradictorio aún: Son ellos quienes en estos momentos dirigen el proceso unilateral de independencia que se está dando en ese lugar.

Creo que la posición de las CUP (Candidatura de Unidad Popular), partido que supuestamente se define como anticapitalista y antineoliberal, de cerrar filas con Puigdemont, es un error. Se parece en México al PRD aliándose a la ultraderecha del PAN en un Frente, una estrategia política que pareciera basarse en oportunismo y no en un programa político serio. El independentismo hegemonizado por Puigdemont no ayuda a la clase trabajadora catalana, ni de España ni de otros lugares del mundo a satisfacer sus intereses de clase: incremento de salarios, más derechos sociales, más democracia, avanzar hacia un post-capitalismo, etc. Esto es así porque el capitalismo neoliberal a va seguir reproduciéndose en Cataluña, con o sin independencia. Puigdemont y los suyos son partidarios del "libre mercado" y la privatización. Es lamentable que millones de trabajadores (tanto de Cataluña como de España) estén movilizándose apoyando el proyecto de sus respectivas élites, creyendo que ponen por delante sus intereses nacionales, cuando en realidad defienden los intereses de clase de sus grupos dominantes.

La postura del Partido Popular (dirigido por Mariano Rajoy, secundado ahora por el Rey Felipe VI y un gran bloque de "españolistas" dentro de los cuales hay un sector fascista desatado en las calles) tampoco es correcta. Al contrario, su torpeza política, herencia de su tradición antidemocrática franquista, sólo ha contribuido a fracturar más a la frágil unión de España. Ha alimentado aun más a los independentistas.

La tragedia es que este conflicto entre élites involucra bloques históricos, donde la gente de a pie es la que se lleva la peor parte: los palos de la policía, o de otros ciudadanos. Violencia física y simbólica. Las élites de ambos bandos (dirigidos por Rajoy y Puigdemont respectivamente) van a buscar sacar provecho político de este conflicto social mientras a los de abajo los ponen a pelear por sus "naciones", cuando sus intereses de clase debería unirlos contra los de arriba.

Me parece que ninguno de los dos bloques en pugna merece apoyo solidario. La salida a este conflicto debe ser producto del diálogo y los acuerdos. Para que esto lleve a la democratización no sólo de Cataluña, sino de toda España. Una cosa si es clara: la represión y el autoritarismo del PP ya no es capaz de resolver este conflicto. La represión y la intransigencia sólo polariza más y aviva a los separatistas. La declaración unilateral de independencia no es legítima, pues la realización del referendum del 1 de octubre fue irregular, sin garantías que permitiera la más amplia participación de la población catalana.

La única salida viable que veo es más democracia, o sea, un referendum con garantías acompañado de un debate nacional público. Es eso o una escalada del conflicto social que se resolverá a partir de la fuerza. Y a mediano plazo: que los ciudadanos de toda España castiguen en las urnas al responsable de esta crisis nacional: al PP

sábado, 30 de septiembre de 2017

Sobre el conflicto en Cataluña, el referendum y el independentismo

I.
Mañana 1 de octubre se va a realizar un referendum por la independencia de Cataluña en un contexto profundamente polarizado y enrarecido. Polarizado entre los independentistas encabezados por la generalitat y el gobierno del Partido Popular encabezado por Mariano Rajoy. Este último ha hecho todo por evitar la realización de un referendum democrático pactado entre las diferentes fuerzas. Su cerrazón y autoritarismo ha orillado a que los independentistas, encabezados por Carles Pugdemont, a medidas cada vez más unilaterales. 

Se trata de un conflicto que ha ido escalando desde la crisis económica mundial iniciada en 2007 que golpeó muy severamente a España en particular. Los ajustes neoliberales impuestos por el gobierno nacional han empobrecido a mucha gente y generado gran indignación. De la crisis económica se ha alimentado el nacionalismo catalán y las ganas de salirse de un país gobernado por una élite autoritaria y neoliberal. 

El nacionalismo independentista tiene una historia, que se remonta a inicios del siglo XX cuando aparecieron los primeros partidos independentistas catalanes (Estat Catala). Pero los independentistas nunca habían representado una fuerza política gigantesca, probablemente mayoría en esa región como ahora. El pésimo manejo político de este conflicto por parte del gobierno autoritario del PP contribuyó a crispar el ambiente político. El "ni los veo ni los oigo" generó medidas cada vez más unilaterales que fueron fortaleciendo al independentismo catalán. Y si no se maneja bien este asunto, una crisis institucional puede devenir en una crisis nacional de severas consecuencias para el Estado español (y para los catalanes también). 

Bien se pudo seguir el ejemplo del Reino Unido en el referendum sobre Escocia de 2014, donde los escoceses votaron seguir siendo parte del Reino Unido, en medio de un gran debate público y nacional. El pasado profundamente autoritario del PP, herederos de la dictadura franquista, parece considerar como algo imposible lo que en otros países es algo común: referendums y consultas al pueblo. Tristemente en México también tenemos esa tradición profundamente autoritaria en las élites que acá gobiernan.

II. 
No todo nacionalismo es progresista. Hay cierto tipo de nacionalismo que puede ayudar a movilizar a las masas para luchar por su emancipación. Pero hay otro que es funcional a la élites internas. En un libro muy conocido (sobre el conflicto de las malvinas y la crisis nacional), Alejandro Dabat y Luis Lorenzano resumen la visión marxista clásica sobre la cuestión nacional:

"(...) el análisis marxista no puede limitarse solamente a señalar el carácter progresivo de la lucha por la autodeterminación o "democracia nacional", sino que también tiene que incorporar el vínculo preciso que une la participación de los trabajadores en esta lucha con el desarrollo de sus propios objetivos de clase de naturaleza socialista (...) Los socialistas siempre han apoyado solamente las demandas nacionales justas, o sea, simplemente, aquellas que enfrentaban a las masas con sus opresores internos y externos" (Dabat y Lorenzano, 1982: 27-28)

En este contexto cabe preguntar, ¿Cuál es ese vínculo entre el independentismo catalán y los objetivos de clase de los trabajadores? ¿Lo que ahora está ocurriendo en Cataluña y España está enfrentando a las masas con su opresores internos y externos? 

Me da la impresión de que el nacionalismo catalán tal y como está ahora es hegemonizado por la clase dominante de esa región. Las élites locales de Cataluña se están enfrentándose a las élites del Estado español por asuntos principalmente económicos (los impuestos, de ahí el lema no oficial del generalitat: España nos roba). Y de ahí han convencido a los trabajadores catalanes de que la culpa de la crisis la tiene el España, cuando en realidad la crisis tiene una explicación mucho más compleja, que va desde las medidas impuestas por la Troika, hasta los casos de corrupción de empresarios y banqueros capitalistas que sólo buscan maximizar su ganancia.  

El nacionalismo catalán tristemente está enfrentando a los trabajadores catalanes con el resto de trabajadores del Estado español anteponiendo los intereses nacionales a los intereses de clase. No veo que los trabajadores catalanes se estén enfrentando a sus élites internas, más bien están cerrando filas con ellos. Un auténtico bloque histórico. Y las masas de trabajadores del resto del Estado español, pues puede que estén divididas entre quienes cierran filas con el gobierno reaccionario del PP (que exigen represión pura y dura) y quienes exigen más democracia en todo el país. 


III.
Este tema ha impactando en Podemos, quienes han tenido una postura política más prudente: realizar un referendum, pero abrir una discusión para convencer a los catalanes de no irse, para así buscar democratizar todo el Estado español. Pero en medio del choque de trenes entre el PP y los independentistas, han quedado cada vez más aislados. 

Esperemos que mañana el conflicto ya no siga escalando, y que las partes se sienten a dialogar para buscar un acuerdo. Se podría pactar un referendum con garantías, o al menos, una agenda política que busque llevar a España hacia un proceso de democratización general. De lo contrario, sólo veremos más polarización y represión.



                                          

jueves, 24 de agosto de 2017

Algunas notas sobre el método de Karl Marx

Sobre el método de Marx hay que tener en cuenta algunos puntos:

1) Cuando hablamos de “método” nos referimos a una manera de proceder, una manera de llegar a algo, mediante una serie de pasos. Sin dar “saltos argumentativos”, sin mezclar las cosas, o sea, sin cometer confusiones categoriales, distinguiendo en todo momento los diferentes niveles de abstracción para no mezclarlos. Se trata de un proceder lógico. Hegel en la ciencia de la lógica se ocupó de una “lógica substantiva” (no sólo formal), donde se va mostrando cómo un ser va “deviniendo”, cómo va transformándose de un ser en otro. De ahí que haya un orden sucesivo: afirmación, negación, afirmación de la negación. Tesis, antítesis y síntesis. Esto se hace siguiendo cierto orden de desarrollo histórico, distinguiendo entre las diferentes fases o etapas de un proceso, lo cual nos muestra cierta racionalidad. Marx, al igual que Hegel, era profundamente racionalista. Creía que el capitalismo era un modo de producción contradictorio, pero que esas mismas contradicciones explicaban su “movimiento” (no en un sentido newtoniano, sino aristotélico), su devenir. El punto de Marx es que la dinámica compleja del capitalismo no tiene nada misterioso: Es algo inteligible, explicable, comprensible por medio de categorías. El punto es saber usar la capacidad de abstracción. Abstraer para Marx es ir de lo concreto impensado a lo abstracto, simplificando una totalidad, descomponiendola en partes, detener el paso del tiempo, para analizar. Luego se "regresa" a lo concreto pensado, por medio de la integración y la síntesis, para llegar al entendimiento de la "unidad de lo diverso". 




2) Marx en su magna obra, El capital, procedió desde el punto más simple y básico para su análisis: la mercancía. Se trata del nivel “celular” del “organismo” llamado capitalismo. Después de hacer un cuidadoso análisis que puede considerarse “microsocial”, fue transitando, de lo simple a lo complejo. Es decir, pasó de entender la mercancía a entender procesos más complejos como son el intercambio, el dinero, transformación del dinero en capital, producción de plusvalor, etc. siguiendo como eje argumental su teoría del valor.

Marx intentó sacar todas las implicaciones lógicas que se sigue de la teoría del valor trabajo, evitando las confusiones categoríales y los saltos argumentativos de los economistas clásicos (e.g. Smith y Ricardo) así como sus prejuicios (creer que el capitalismo es un modo de producción natural al hombre, eterno y absoluto, al contrario, el capitalismo es históricamente contingente, transitorio, no eterno). Por eso el capital tiene un orden expositivo riguroso, lógico, ordenado, que muestra diferentes momentos argumentales: en el tomo I habla del proceso de producción, en el tomo II del proceso de circulación, en el tomo III del proceso de producción considerado en su conjunto. En cada uno de esos libros Marx fue desarrollando sus categorías, en diferentes niveles de abstracción, hasta llegar a formular “leyes”. Estas él las entendió como tendencias que gobiernan el movimiento del capitalismo, su reproducción (o metamorfosis como también le gustaba llamarla): la ley general de la acumulación capitalista, los esquemas de la reproducción ampliada del capital y la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia (sus causas contrarrestantes, y sus contradicciones inherentes). De ahí que ello le permitiera entender el carácter cíclico del capitalismo, sus crisis económicas, sus formas de resolverlas, la competencia capitalista y su tendencia hacia la monopolización, la enorme generación de riqueza y la creciente desigualdad social, la tendencia del capitalismo a estar revolucionando constantemente sus modos de producción, etc.

3) La fuerza del “método” de Marx es que este es científico. Marx siempre se preocupó por ser muy serio en su trabajo de investigación, por estar discutiendo con el pensamiento económico burgués más avanzado de su tiempo (la economía política ricardiana). Pero también él estuvo enterado de los avances de otras ciencias, particularmente la biología evolutiva.

Marx buscó evitar la mera especulación filosófica. Él creía que su pensamiento debía de tener bases históricas rigurosas. Por eso fue un estudioso enciclopédico de la historia de la humanidad (aunque tiene algunos sesgos eurocéntricos propios de la época que le tocó vivir: la expansión colonial de Europa), estudió a fondo la tecnología relevante que dió lugar a la revolución industrial (las máquinas de vapor), las finanzas de su época (el patrón oro), el comercio, etc. Con datos empíricos en mano sobre hechos históricos (las luchas laborales de los obreros ingleses, la revolución industrial, las leyes de grano, etc.), y sobre fábricas, Marx hizo sus reflexiones teóricas, siempre apegado a los hechos. Marx construyó un modelo del capitalismo “en estado puro” que le permitió entender el capitalismo sin los elementos distorsionantes y contingentes que encubren el funcionamiento de ese sistema, para tratar de entender su “esencia”, una esencia históricamente acotada, que le llevó a pensar que las leyes que gobiernan el movimiento del capitalismo no son universales ni eternas ni absolutas a toda formación humana.

4) Marx en el capital realizó una investigación intelectualmente honesta. Estuvo comprometido con encontrar “la verdad”. Por eso en El capital buscó evitar las condenas morales al capitalismo, para evitar ser encasillado como moralino, o como ideológico (en su sentido más peyorativo, de “falsa consciencia”), aunque el recurso retórico de la ironía, el sarcasmo y la sátira son muy propias de él. Son sus formas de exteriorizar su indignación. Ello no significa que Marx haya adoptado una posición positivista, de distinguir nítidamente entre "juicios de hecho" y "juicios de valor". Marx no creía en la neutralidad valorativa de la ciencia, pues esta sirve intereses de clase. Pero evitó en todo momento actuar de manera irresponsable, cínica, sustituyendo el estudio riguroso de hechos por meros discursos ideológicos que hoy día los posmodernos llamarían "post-verdad". 

Marx estaba motivado por razones éticas muy fuertes, como todo revolucionario de su época. Pero él se cuido mucho de no hacer meras apologías panfletarias del socialismo en su obra científica, o de hacer una critica ideologista del capitalismo. Por eso trató de hacer una investigación seria que generara un conocimiento objetivo sobre el capitalismo para poder orientar la acción revolucionaria de la clase trabajadora. Por eso para Marx era fundamental llegar a la verdad. "Decir la verdad es revolucionario" dijeron sus compañeros y discípulos.

Y justo este compromiso con la verdad llevó a Marx a evitar posiciones maniqueas de ver el conflicto social de su tiempo como algo dado entre personas “buenas" y "malas”. Lo que Marx vio en su tiempo era una sociedad cada vez más polarizada en dos clases sociales: capitalistas y trabajadores. Esas clases, según Marx quien en esto sigue a Adam Smith y a David Ricardo, tienen intereses materiales contrapuestos. Ello se expresa en los salarios: los capitalistas quieren reducir todo el tiempo los "costos laborales" para con ello acrecentar sus ganancias. Los trabajadores, en cambio, quieren aumentar sus salarios para tener una vida digna. El salario, en todo caso, es producto de la correlación de fuerzas entre capitalistas y trabajadores. 

5) Finalmente, me parece que Marx tuvo una noción pragmática de verdad: el principal criterio para saber si algo es verdadero o no es la práctica. Es en la práctica donde uno tiene que demostrar “la terrenalidad del pensamiento”, no a nivel teórico por medio de nociones de verdad correspondentistas o coherentistas. Eso a él le parecían problemas escolásticos. La teoría, para Marx, es una guía para la acción. Si la acción ha logrado sus resultados, entonces podemos pensar que la teoría que se usó para guiar dicha acción es sólida. Si los resultados son el fracaso, entonces tenemos elementos para cuestionar la teoría que se usó para transformarla. El punto es que son las implicaciones prácticas de la teoría las que motivan su crítica.

En suma, creo que en Marx encontramos un método científico riguroso, sistemático, coherente, no simplista ni maniqueo, que busca llegar al entendimiento del capitalismo de una forma objetiva, donde la crítica al capitalismo no es moralina, aunque tiene elementos morales implícitos. De ahí que autores como el gran historiador británico E. P. Thompson defendieran la idea de un “marxismo humanista” (a diferencia de Althusser quien pensaba que el humanismo era burgués) donde la crítica al capitalismo tiene como principal objetivo poner al ser humano en el centro de la organización social y no al dinero, para que pueda haber una sociedad más libre y democrática, libre de la explotación del hombre por el hombre y que no devaste al medio ambiente.